REALIDARIO (DLXXXIV)


En entrevista exclusiva, para variar, con don Dinero, el famoso y poderoso caballero admite, no sin cierto aire de vanidosa suficiencia, que sin él la democracia que se padece en el paí­s de la eterna democracia de mercado, serí­a posible. Don Dinero reconoce, con su natural desparpajo, que carece de ideologí­a propiamente dicha o de inclinación polí­tica, aunque se siente cómodo en las derechas, la oligarquí­a, el empresariado, ciertas universidades privadas y con el presupuesto general (y coronel) de la Nación, lugares donde medra y establece relaciones de toda la vida, aunque ha tenido esporádicos y superficiales acercamientos con la falsa izquierda, la izquierda de fachada, cuyos integrantes le rinden culto oculto. Aunque don Dinero invierte en nuestra democracia escenográfica, percibiendo buenos réditos en el montaje, asegura que en el fondo la desprecia por sometida, moldeable y servil. (No puede negar evidentes intereses suyos en campañas electoreras, encuestas o sondeos y medios de comunicación «independientes».) y es que don Dinero nunca ha sido filántropo o un acaudalado altruista, porque entonces no serí­a poderoso caballero, aunque lo de caballero en él es muy discutible. (Ante la perspicaz pregunta de si su fortuna está en relación directa y es consecuencia «natural» de la pobreza de los pobres (sic), don Dinero dio por concluida la entrevista exclusiva.) Moraleja: no cabe duda de que los babosos somos más.

René Leiva

URGE ABOLIR EL ARCO DEL TRIUNFO

Otra de las instituciones perniciosas, nocivas y perjudiciales que han arraigado dentro de la polí­tica de Estado y la administración pública en todos los órdenes, una verdadera vergí¼enza nacional, es ese vetusto y obsoleto monumento a la corrupción, la impunidad, la ineptitud y la ingobernabilidad conocido como el arco del triunfo, el que todo mundo -diputados, funcionarios públicos, militares, contratistas, acreedores y deudores del Estado, etc- utiliza para pasarse por dicho lugar, sin ser vistos ni olidos, cuanta ley vigente (incluida la Carta Magna) existe, acuerdos, compromisos, reglamentos, decisiones, disposiciones, mandatos, preceptos, en fin, en la creencia de que por ser entes más o menos abstractos no raspan, no pican ni hacen roncha, lo cual podrí­a ser cierto para quienes ya tienen encallecido su respectivo arco, precisamente de tanto uso y abuso. Incluso, se sabe que a los extranjeros que viven durante un tiempo en el paí­s de la eterna el arco del triunfo les parece un sitio pintoresco y con un cierto colorido local, pues ignoran las consecuencias desastrosas del empleo indebido y excesivo de tal espacio que, justo es decirlo, no se hizo para paso de cosas extrañas. ¿Se llegará el dí­a en que el arco del triunfo sea por fin demolido en toda su estructura y profundos cimientos para darle, si cabe, un uso más conspicuo e higiénico? Mediante la «nueva» legislatura, tal vez, si se ponen la mano en el arco del triunfo, perdón, en la conciencia.

PEROGRULLO, ANALISTA INDEPENDIENTE

En amena y kilométrica plática de cantina, mi compadre Perogrullo, ya algo cabezón y con la sensibilidad a flor de piel, me confesaba su desilusión porque a pesar de sus sesudos análisis analí­ticos en que suele analizar cuanto de analizable se presenta, sobre todo en materia polí­tica, no encuentra manera de que sus análisis sean tomados en cuenta por alguna institución de las muchas que han brotado cual hongos época lluviosa. Es decir, mi entrañable compadre y mentor, más que todo, desearí­a ser citado de forma textual y entrecomillada, ya que al parecer sus análisis no pueden ser reproducidos de manera literal, por extensos y un tanto farragosos, regateándole créditos que en justicia le corresponden. Y ya enterrando los ojos a nuestro analista independiente le queda el consuelo ?asegura- de que sus estudios y observaciones de variada temática aparecen diluidos y sobreentendidos en análisis ajenos, o sea debidos a otro autores, aunque ellos, los otros analistas, no lo sepan ni lo sospechen siquiera. (Mucha razón le asiste a mi compadre y maestro Perogrullo. ¿Cuándo, dónde, quién le ha reconocido y hecho mención explí­cita de su nombre en esclarecedores análisis periodí­sticos, por ejemplo?).