Discapacidad de asombro: Todos los humanos vinimos a este ingrato mundo con una capacidad de asombro teóricamente inagotable, dividida en diversos campos, especialidades, fases, tendencias. De tal suerte, uno vive asombrándose del adelanto tecnológico, de la psicología animal, de la vida secreta de las plantas, del potencial cerebral, de las distancias interestelares, en fin. Pero en mi caso particular, debo reconocer que hace unos veinte años, más o menos, di por agotada o perdida mi capacidad de asombro en materia de política criolla. Antes, hará unos treinta años, yo me ufanaba de que mi capacidad de asombro político era como un barril sin fondo, un tonel de las Danaides, un siguán, en el que todo acto, asunto o personaje político raro, excepcional, extravagante o anormal era absorbido y digerido muy bien por mí, con alegría y entusiasmo; pero de repente, cuando sentí era que había perdido para siempre, de manera definitiva e irreversible, dicha capacidad de asombrarme en lo tocante a política. Me quedé seco, rígido, inerte, apático, y en tales condiciones todo hecho, situación o personaje que tenga relación con la dichosa política, por pasmoso y admirable que sea -para bien o mal-, a mí me deja como si fuese cosa de todos los días, algo rutinario, cotidiano, trillado y aburrido. (Una bella e inteligente dama – que no es mi mujer, la Chayo – me cuenta que hoy en día existen técnicas, tratamientos, terapias, especialidades, dispositivos digitales, e incluso implantes o transplantes para devolver o hacer retoñar la capacidad de asombro en política, a precios accesibles, y poder así disfrutar (sic), como todo buen ciudadano, de la exquisita variedad de escándalos en el menú nacional.)
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¿Todos nos conocemos? A mí me causa mucha perplejidad esa aseveración, que muchos repiten, según la cual en Guatemala todos nos conocemos. Lo que se dice todos, sin exclusión. Sin entrar a considerar lo que es el conocimiento y el conocer, en sus varias denotaciones y connotaciones, por mi parte puedo asegurar que, aparte de algunos parientes, ciertos vecinos y unos pocos amigos y/o compañeros, no conozco a nadie más y por consiguiente nadie más me conoce, e igual le sucede a la mayoría de gente, de los guatemaltecos corrientes y comunes, sean campesinos, profesionales, burócratas, comerciantes, artistas, astronautas, mecánicos quánticos o espeleólogos. Me basta salir a la calle e ir a determinado punto para cruzarme con miles de perfectos o de imperfectos desconocidos, por la gracia de Dios. Puedo hojear un diario o revista cualquiera y siempre me encuentro con caras nuevas o no tan nuevas, con nombres que no me dicen nada especial o reconocible. A lo largo de los años desfilan cientos de diputados y funcionarios de gobierno, por ejemplo, que para mí solo son parte de la masa, en su peor acepción, ¿De dónde provino o proviene la mencionada afirmación? ¿De cuando la capital tenía 28,000 habitantes? Entiendo, eso sí, que en Guatemala, como en cualquier país, existen clases, estratos, castas sociales; y gremios, corporaciones, cofradías, capillas, mafias, asociaciones, sociedades, clubes, camarillas; y coyotes de la misma loma, compañeros de fechorías y quienes se tapan con la misma chamarra. Aparte de.
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Cómo se escribe la historia. Al enclave del primer mundo en el país de la eterna le ha dado por pedir justicia tras décadas de silencio cómplice con la impunidad. Sin cierto suicihomicidio en la exclusiva zona 14, el enclave del primer mundo en territorio guatemalteco seguridad dormido (y durmiendo).