REALIDARIO (DCCXV)


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SACRA MONOTONÍA. Los días mayores de la ya remota Semana Santa Radio Faro Cultural tuvo a mal saturarlos – – sin ningún resquicio profano, para otro aire – – de misas, réquiems, oratorios, stábats, cantatas… en desconcertada sucesión, sin coyunturas para el respiro, en un desatinado sentido religioso.

René Leiva


Una programación absurda e insensata, desarmónica, más bien para la socorrida oreja de Van Gogh (la cercenada). Masas corales de una densidad sofocante. Un magma coral de espesa sacritud que ningún espíritu sano sería capaz de digerir. Programación que los mismísimos Gregorio I Magno y Francisco de Asís habrían abominado por cargante y monótona.
Contrapunto sugerido: entre misa y réquiem, un concierto, una sinfonía, unas sonatas… Entre sagrado y profano, los ecos dispersos de los ausentes. O, mejor, el silencio. (El soleado día que pergeño esta notícula Radio Faro lleva ya  – –  como un incidente insólito, raro, inaudito, extravagante, sin precedentes – – cinco (5) días fuera del aire. Y para esa esforzada ausencia emplea toda su potencia.)

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CANTAUTOR INTERNACIONAL.  Al margen de si un determinado cantautor – – por demás emprendedor, competitivo y exitoso según la conocida fórmula neoliberal – – por la letra oportuna de sus canciones es poeta o no, cabe destacar que precisamente debido a la mercadotecnia, la fama generada, la enorme difusión y repetición de sus discos en los momentos y lugares más recónditos, no existen puntos de comparación respecto a otros artista diversos ni, mucho menos, coyunturas para una supuesta envidia negadora y minusvaloradora hacia dicho cantautor.
Se supone que una crítica no complaciente solo puede ser causada por la envidia y que todos, uniformizados el gusto, la sensibilidad y el juicio, deben aceptar rebañilmente al icono, al legendario, al mítico, al fetiche…
Y eso de “poner en alto el nombre de Guatemala” suena a desafinado, a falsete, impostura de voz. Otro masivo autoengaño ramplón. Como si todo el país de la eterna le hubiera dado culas al rico y famoso para alcanzar la cumbre. ¡Ah!, si de verdad llamáramos a las cosas por su nombre. Cuando las patojas chilenas, mexicanas o argentinas escuchan, orgásmicas, al cantautor con fondo de efectos especiales, ni antes ni después piensan en un paisito llamado Guatemala. Sobre todo en el caso de baladas compuestas con ingredientes genéricos, pensadas para ser consumidas por un gusto “internacional”, de mercado.