LEYES DESDENTADAS. Hoy en día ya no existen excusas ni argumentos válidos para dejar a las sagradas leyes, decretos y reglamentos sin los dientes (muelas y afilados colmillos) que Dios y la madre naturaleza ordenan desde tiempos remotos e inmemoriales. Es altamente sospechoso, por decir lo menos, que a una ley se olvide colocarle los respectivos y correspondientes dientes, o bien le pongan dentadura de cartón o duroport, y en algunos casos sólo se la pintan, o se recurre a efectos especiales con la famosa realidad virtual por medios digitales o cibernéticos.
Por favor, seamos serios aunque nos cueste. Desde que es concebida, a una ley debe suministrarle suplemento vitamínico y calcio en altas dosis, y luego de darse a luz o ser parida, administrarle leche materna (no de lata), que ingiera queso, requesón, tortillas calientes, para que así le salgan dientes bien enraizados, fuertes, duros y poderosos, que muerdan y arranquen el pedazo; o mejor aún, que con solo verlos, sus infractores y tramposos profesionales lo piensen dos veces antes de manosear y violar a mi amiga la ley. Ponerle dientes de cartón a una ley determinada debe ser penado por leyes que no tengan dientes de cartón. Y así, tal vez, salir del círculo pervertido.
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ARREPENTIMIENTO. “Mientras no me atrapen carecería de sentido mi potencial y probable arrepentimiento. En tanto, proseguiré con asesinatos, asaltos, violaciones, estafas, riñas, lesiones a otros muchos… El día que por fin caiga en manos de la justicia, según el decir, si es que antes no me matan mis compinches, por supuesto que negaré todo cuanto se me achaque (mi verdadero fondo es cobarde e hipócrita), pero sí de milagro se me condena, trataré de seguir con mis fechorías desde la cárcel; en caso contrario, debido a la rivalidad reclusoria, observaré buena conducta y si por cuestiones de edad o de enfermedad tendría que jubilarme en el delito y el crimen, ahora sí mostraré sincero arrepentimiento por mi vida recién pasada, aceptaré a Cristo que le dicen, y entonces Dios, en su infinita misericordia, me perdonará, que nada le cuesta, pues el perdón de Él es lo que en verdad importa, y podré así, con la absolución divina, entrar al reino de los cielos. ¿Algún problema? ¿Alguien no está de acuerdo conmigo? ¿Acaso no soy razonablemente lógico y consecuente con la sociedad que me tocó en suerte…?”
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“A veces es mejor doble moral que no tener moral alguna.” (Isquión de Púbis)