En la actualidad, guatemaltecos y guatemaltecas se refieren en sus hogares, oficinas, y reuniones en general a la crisis socioeconómica y política presente en el país. Ante este hecho, proclaman su inconformidad en forma abierta y se refieren, en especial, a lo relacionado con el problema económico: alzas de precios, pobreza, desempleo y subocupación, entre otros. También aportan datos con relación a la falta de seguridad y actos de corrupción, afirmando que no hay soluciones a corto plazo para enfrentar las acciones nefastas del narcotráfico, y expresan su desacuerdo porque el crecimiento de la migración laboral guatemalteca hacia otros países en busca de mejores niveles de bienestar, se considera por diferentes grupos sociales como una válvula de escape. Una falsa concepción de la realidad migratoria. La irritación y quejas forman parte de la cotidianidad porque se vive con temor.
No se puede ignorar el malestar latente de ciudadanos y ciudadanas quienes ponen en duda el fortalecimiento de la igualdad política, social y económica entre miembros de las diferentes culturas en Guatemala y en lo relativo a género. En este contexto de incertidumbre, reclaman la presencia de una adecuada institucionalidad y aluden a la crisis de los partidos políticos destacando, entre otros, la falta de aceptación de las nuevas generaciones sociales, el descenso del número de votantes, y la apatía ciudadana.
Un partido político es la unión de voluntades ciudadanas cuyo objetivo básico es la toma del poder, con individuos integrados en una ideología común, expresando intereses de diferentes grupos de la sociedad; asimismo, es una organización con visiones integradoras e instrumento adecuado para canalizar a hombres y mujeres en sus aspiraciones de dirigir el gobierno. Pero, con el ánimo de cumplir este propósito, los partidos políticos deben redefinir su identidad. Este aspecto significa estar presentes en la interlocución social, actuar sin que se les considere maquinarias electorales, mantener sus referentes ideológicos pues señalan el camino de la acción política, y plantificar su acción en un marco socioeconómico cambiante. Los partidos políticos tienen la obligación de reaccionar contra el espíritu de la rutina, adaptarse a la modernidad y no considerar como estática la vida social.
Entre las funciones que permiten redefinir la identidad de los partidos políticos se encuentra reforzar el desarrollo de su ejercicio mediador, entendiendo este aspecto como la interacción entre sociedad e instituciones que dirigen los destinos del país. De igual manera, los partidos políticos deben tener respuestas para satisfacer las necesidades inmediatas de la población y actuar ante la gran complejidad de escenarios propios de la vida moderna, articulando soluciones entre ciudadanía, partido político y autoridad. La política es el mejor sustento para la democracia, la cual es un estilo de vida que se construye a partir de valores.
En el proceso de reafirmar su identidad, los partidos políticos deben fortalecer su presencia en la sociedad civil (con un proyecto de nación), coadyuvar en el fortalecimiento del sistema de partidos políticos en el país (impulso de la democracia), creando consensos entre los diferentes grupos sociales que representan (fortaleciendo la justicia y tolerancia), y con transparencia en su vida internas (plena honestidad y modificar sus ineficientes modelos de organización interna). El clientelismo debe ser superado por la creatividad y una base programática integral donde se incorporen los elementos sustantivos del tejido social; asimismo, con su acción hacen viables las decisiones de mayoría impidiendo la exclusión de los derechos de las minorías, en la promoción de mejores formas de desarrollo humano sustentable (no puede haber democracia sin desarrollo económico y justicia social), y en el compromiso para defender la pluralidad de ideas y culturas, fomentando el diálogo, y en su lucha contra la violación a los derechos humanos.