Reabren las puertas de la casa donde vivió Charles Darwin


Una calavera y un retrato pintado de Charles Darwin, forman parte de los objetos que estarán a exhibición a partir de mañana en el museo del padre de la Biologí­a moderna, en donde fuera su casa en Kent, Reino Unido. FOTO LA HORA: AFP CARL DE SOUZA

Down House, la casa en Kent, sudeste de Londres, donde Charles Robert Darwin vivió con su familia durante 40 años, donde investigó y escribió su obra más explosiva, reabre mañana sus puertas para conmemorar su nacimiento, hoy hace 200 años.


Darwin se mudó a esta casa de tres plantas, en medio de la campiña inglesa, en 1842, y aquí­ vivió hasta su muerte, en 1882, a los 73 años.

«Tení­a ya dos hijos, y un tercero vení­a en camino cuando compró Down House», dijo Jenny Cousins, una de las curadoras de la exposición organizada para festejar el 200 cumpleaños del fundador de la biologí­a moderna. «Buscaba un lugar tranquilo, solitario, pero cercano a Londres», agregó.

Se mudó a esta casa cinco años después de regresar de su travesí­a de cinco años por el mundo en el barco de la Marina británica, «HMS Beagle», que hizo escala en las islas Galápagos, donde descubrió un mundo que lo llevó a concluir que «los monos hacen a los hombres», como escribió en una carta a un amigo.

«Down House fue esencial en la vida y la obra de Darwin. Fue muy feliz aquí­, con su esposa y su familia. Necesitaba paz para su trabajos», explicó Steven Brindle, en un recorrido por la hermosa residencia, ahora administrada por la fundación English Heritage, que la ha restaurado.

«Fue aquí­, en este estudio», donde escribió «En el origen de las especies», dijo Brindle, mostrando con orgullo el estudio recreado en 1920, con la ayuda de fotografí­as antiguas. «Esa es la mesa donde escribió su teorí­a revolucionaria, el sillón donde reflexionó, los libros que estudió», agregó.

En un salón contiguo, hay una mesa de billar en la que Darwin disputó partidos con su mayordomo, Joseph, y con sus hijos, pero que utilizó también, cuando ya no tení­a espacio en los otros cuartos, para colocar lombrices bajo el microscopio y disecar insectos, cuenta el historiador.

Pero fueron el valle, las praderas, los jardines y el invernadero de Down House que dieron a Darwin «la materia bruta para seguir con sus observaciones y experimentos», confirmando su teorí­a de que las especies compiten y que sólo las más fuertes sobreviven, agregó.

Los jardines, donde se levantan robles y otros árboles y arbustos plantados por Darwin, y el invernadero, «fueron su laboratorio cientí­fico y fue aquí­ que desarrolló muchas de sus teorí­as», afirmó el jefe de los jardineros de Down House, Rowan Blaik.

En un paseo por los jardines hoy llenos de sol, y en el invernadero con las mismas especies cultivadas por Darwin, entre ellas varias plantas carní­voras, Blaik cuenta que el cientí­fico paseaba dos veces por dí­a en el «Sand Walk».

Paseaba con sus hijos – tuvo diez, con su prima Emma Wedgwood, con quien se casó en 1839 – y esos paseos «le serví­an para seguir observando la naturaleza, y para reflexionar», agregó.

En los corredores de la casa cuelgan algunos cuadros religiosos. «Darwin, por supuesto, era ateo. Pero Emma era muy devota. Ella sufrí­a mucho pensando que iban a estar separados después de la muerte», explicó la curadora de la muestra.

En el inmenso salón, que da a los jardines, cuelgan fotos de Darwin, de Emma, de algunos de sus hijos. Arriba de un piano de cola, hay algunas macetas. «Darwin experimentaba con gusanos, querí­a ver cómo respondí­an a la música», explica Cousins.

En la segunda planta, se ha recreado el estudio de Darwin en el «Beagle» y a lado, en otro cuarto, hay una colección de pequeños animales con los que jugaban sus hijos.

En la tercera planta está el cuarto donde se cree que murió Darwin, que para entonces era ya uno de los cientí­ficos más respetados de la Inglaterra victoriana, a la que habí­a convulsionado con sus teorí­as, que algunos opinaron significaban «la muerte de Dios».