Los latinos -sobre todo los guatemaltecos- que viven con documentación completa en Estados Unidos, parecen no inclinarse por ningún candidato a la presidencia, aduciendo que no han realizado propuestas claras para una reforma migratoria, y, usualmente, han catalogado su voto como independiente. ¿Es éste un discurso falaz? Creo que sí, porque es obvio que si van a emitir sufragio, es porque ya no tienen problemas migratorios; quizá les interese el tema para el resto de su familia indocumentada, pero ese punto es muy específico y no comprenden la dimensión de una elección para la que es catalogada como la presidencia más importante del planeta.
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Para Latinoamérica, más que una reforma migratoria, nos interesa que nuestro principal socio comercial sea fuerte económicamente y que tenga una buena política exterior, dos de los temas que hoy día no posee. Además, específicamente, nos interesa una revisión del TLC, a la luz de acuerdos ambientales y sindicales que no fueron tomados en cuenta para Centroamérica.
Creo que la actual crisis financiera ha sido producto de una mala práctica política, cuyas razones pueden venir desde el despilfarro de guerras «antiterroristas» injustas, improductivas y costosas, y de políticas neoliberales de favorecer el crecimiento de empresas y no del nivel adquisitivo de las clases medias y bajas.
La crisis financiera, pues, explica buena parte del fenómeno coyuntural mundial. En Estados Unidos y la Unión Europea, las políticas antimigrantes, por ejemplo, son medidas para paliar el desempleo de los caucásicos aborígenes, y se culpa a los indocumentados de acaparar estas plazas; además, buscan evitar la constante fuga de activos en remesas.
En fin, que en este contexto de la crisis financiera, las viejas luchas entre el marxismo y el neoliberalismo han surgido de nuevo, polarizando al mundo; la izquierda ha aprovechado a criticar a su rival, tal como éste lo hiciera durante la caída del Muro de Berlín. En pluma de analistas se ha puesto de moda mencionar, aunque sea de paso, la «socialización de las pérdidas y la privatización de las ganancias» de los planes de rescate de instituciones bancarias.
Y la pregunta que surge es si esta polarización es, aún, válida, en tiempos en que la Guerra Fría ya quedó (un poco) atrás, y las soluciones deben dejar de ser fruto del razonamiento causa/consecuencia. Es decir, el gobierno de George W. Bush se rige en este sistema positivista.
Hoy día, el mundo posmoderno es más complejo que una simple dialéctica hegeliana o un razonamiento aristotélico, y pocos políticos se han formado fuera de este sistema. Por ejemplo, el mismo McCain tiene esos esquemas mentales, y sus propuestas se encaminan a soluciones puntuales, pero que no toman en cuenta todos los aspectos. En él, no es posible imaginar, por ejemplo, una reforma migratoria y una política de seguridad fronteriza que trabajen en conjunto, porque el modelo positivista que planteó W. Bush, fue: «causa: estamos siendo invadidos por terroristas / consecuencia: cerremos las fronteras», sin pensar en los otros factores.
Obama tiene un punto de vista diferente. En él, el relativismo posmoderno, es decir, tomar en cuenta todas las variables implicadas en un fenómeno, funcionan mejor. La inseguridad nacional, por ejemplo, no se rige sólo por la inseguridad fronteriza, sino que también está implicada la pobreza, la desigualdad, la injusta política exterior, las guerras imperialistas, la drogadicción, el estrés de una población, la violencia mediática, etc.
Otro rasgo relativista de Obama es que ha dicho que quiere revisar los TLC, por ejemplo con Colombia, pero es capaz de decir que el TLC con Perú es bueno. En un modelo tradicional izquierda/derecha, sólo hay dos opciones: o es bueno o es malo, se acepta o no.
Obama es tan neoliberal que propone una especie de privatización del pésimo sistema educativo estadounidense, pero es capaz de echarse las empresas encima al asegurar que subirá los impuestos. Casi ningún político dice esto, aunque sabe que siempre es necesario.
Obama es propositivo (McCain, ataca); es relativista (McCain, positivista); dice la verdad con lo de los impuestos (McCain, lo esconde). Creo burdo considerar votar por Obama sólo porque es hijo de inmigrantes, negro, quizá de grupos marginales, porque su propuesta va más allá.