Razones para negar el beneficio de la duda (I)


Hubiera querido ser uno más de los comentaristas que han manifestado opinión favorable al buen éxito del nuevo modelo de polí­tica gubernamental anunciado por el Presidente de la República, ílvaro Colom, tanto más que la ha definido como socialdemócrata, o sea que se apartarí­a abismalmente de la polí­tica neoliberal de su antecesor, í“scar Berger, cambio que ningún guatemalteco que se considere ciudadano democrático responsable puede objetar. Sin embargo, por deseable que sea el establecimiento de un régimen polí­tico social demócrata, por las razones que expondré en las circunstancias polí­tico-sociales actuales es imposible tal régimen, según se comprenderá.

Alfonso Bauer

PRIMERA RAZí“N. La estructura económico-social de Guatemala es la propia de un paí­s del Tercer Mundo, un paí­s subdesarrollado, con profundí­simas desigualdades de clase, explotado no sólo por una camarilla oligárquica nacional, sino por empresas transnacionales y por los intereses imperialistas del Gobierno de los Estados Unidos de América, que no vacilarí­a en impedir la regulación de sus inversiones por la legislación guatemalteca (como un auténtico sistema socialdemócrata deberí­a disponerlo) mediante otra agresión armada como lo hizo en 1954, para derrocar al Presidente Arbenz. Y, seguro estoy, que las Fuerzas Armadas del paí­s no la enfrentarí­an, sino más bien la apoyarí­an, y delenda est el gobierno socialdemócrata.

Por otra parte, es obvio que el Presidente Colom y, al parecer, su equipo de asesores no tienen un conocimiento cabal de esta variante del socialismo, porque si estuvieran bien informados de la naturaleza de la social democracia, no la hubieran patrocinado, pues teóricamente la genuina modalidad socialdemócrata es de imposible aplicación en naciones no desarrolladas. A efecto de esclarecer debidamente el concepto y la práctica del socialismo social demócrata, me valdré del artí­culo respectivo de la Enciclopedia de la Polí­tica, obra del demócrata latinoamericano Rodrigo Borja, ex Presidente de la hermana República de El Ecuador.

Aclaro que no daré a conocer completamente el texto del rubro socialdemocracia. De dicha Enciclopedia, sino solamente un compendio del mismo, pero suficientemente esclarecedor del tema. Entre otras aseveraciones, el autor hace las siguientes:

La socialdemocracia es una versión socialista peculiar de paí­ses altamente desarrollados. Es propiamente un fenómeno del norte de Europa —Finlandia, Suecia, Noruega, Alemania, Austria, Dinamarca— y obedece al avance del movimiento obrero de los paí­ses nórdicos. (En Guatemala, no es así­, es débil y nada unitario). Borja agrega que en el sur de Europa no hay partidos social demócratas, sino socialistas democráticos, o sea que la socialdemocracia es propia de los paí­ses del Norte de Europa.

La socialdemocracia enfrenta problemas totalmente distintos a los del Tercer Mundo (Guatemala, es uno de ellos), incluso diferentes de los del sur de la propia Europa, en razón de los diversos grados de desarrollo polí­tico, económico y social. Ella no se plantea un cambio brusco y radical, puesto que sus conquistas sociales, acumuladas a lo largo del tiempo, han proporcionado a sus pueblos niveles de vida admirables. Ha podido sumar el mayor í­ndice de libertad polí­tica con el mayor cúmulo de prosperidad económica y de seguridad social. Su preocupación principal es calibrar y perfeccionar sus instituciones económicas y sociales— el sistema tributario, la seguridad social, las conquistas laborales, los proyectos de desarrollo humano— y defenderlas de las amenazas de los partidos conservadores que, sin discrepar de los logros polí­ticos, consideran que el Estado socialdemócrata ha ampliado demasiado su injerencia económica y social ( Si eso piensan aquellos partidos europeos, ¡que va a pensar la mayorí­a de los partidos caverní­colas de Guatemala!)

La socialdemocracia tiene plena conciencia de las deficiencias del mercado y, por ello, lo mira con desconfianza. Sabe que en él se marcan tendencias permanentes hacia la concentración del ingreso, la eliminación de la competencia, el olvido de necesidades públicas básicas, la despreocupación por el pleno empleo y por la estabilidad monetaria, la desatención de necesidades futuras y el desinterés por la protección ambiental. Para suplir tales deficiencias o corregir las deformaciones, el Estado debe mantenerse atento y listo para intervenir en el mercado. (Pero, en Guatemala, no pocos de los funcionarios del equipo de gobierno del partido UNE, cree a ciegas en el mercado libre y se niegan a tocarlo.

Por último, los partidos socialdemócratas del norte de Europa, por el alto grado de avance de la clase trabajadora, cuenta con el amplio respaldo de los obreros y sus sindicatos, aunque no estén en partidos de clase. (En Guatemala, no se dan esas condiciones).

Conclusión. En Guatemala no hay, actualmente, posibilidades viables para un sistema triunfal socialmócrata.