Esta mañana fue asesinado un piloto de bus, aumentando el ya prolongado rosario de muertes en Guatemala en donde se puede hablar de la absoluta certeza de que los criminales pueden operar con total impunidad porque no hay instrumentos ni mecanismos para aplicar la ley de manera certera y objetiva. Esa enorme cantidad de muertes que permanece impune en Guatemala es lo que nos debe obligar a mantener una protesta permanente contra un sistema que no funciona, que no nos garantiza la seguridad ni la vida y que no sirve para sancionar a los delincuentes.
ocmarroq@lahora.com.gt
Por eso es que hace algún tiempo he insistido en que los ciudadanos tenemos que reaccionar frente a la violencia, abandonando nuestra secular pasividad, porque como dije alguna vez, tarde o temprano nos alcanza la ola de sangre. Si en su momento hubiéramos dejado atrás nuestra sangre de horchata, seguramente que pudimos evitar muchas muertes al asumir posturas tan comprometidas como las que ahora vemos. Desafortunadamente vamos varios miles de muertos tarde, pero si en algo vale la pena entender que más vale tarde que nunca es en la necesidad de que la sociedad reaccione, que entienda que no podemos permanecer impasibles cuando mueren personas desconocidas para nosotros y que vemos como una estadística más en el sangriento y doloroso recuento cotidiano.
Hace algunos meses supimos de unos niños que estaban jugando en el lugar equivocado y por haber sido testigos de una ejecución, fueron a su vez brutalmente ejecutados. Niños inocentes cuya muerte apenas si arrancó breves comentarios y sirvió para demostrar cuán endurecidos están nuestros corazones, al punto de que ni siquiera esa brutalidad fue capaz de conmovernos de manera colectiva para elevar una voz de protesta.
Hoy, por circunstancias especiales y dramáticas, la población despertó del letargo ante la violencia y está elevando una voz que clama por justicia. Pero tenemos que hacer de ese movimiento por la justicia algo mucho más global, más integrador de la sociedad, sumando al movimiento a todos los que han tenido que enterrar a algún familiar y están resignados a no recibir justicia porque el crimen ni siquiera ha sido investigado. La lucha contra la impunidad y contra un sistema corrupto y deleznable es absolutamente necesaria y urgente y en ese esfuerzo no podemos ni debemos darnos pausa ni respiro.
Cuando escuché esta mañana que otro piloto de bus había sido atacado a tiros pensé que tenemos que mostrar nuestra indignación y repudio ante ese y los otros crímenes cotidianos del país porque sus deudos están sufriendo un tremendo dolor y un mayor desconsuelo. No es que uno pretenda venganza, sino que el Estado demuestre su utilidad para castigar a los criminales que se dedican todos los días a enlutar a tantas familias.
Estamos en un momento especial porque por vez primera nos movilizamos para clamar por justicia. Cierto que hay en estas protestas otros clamores y seguramente otros intereses, pero lo que nos urge, lo impostergable, lo absolutamente necesario es que derribemos el muro de la impunidad, de un sistema que no funciona porque no es capaz ni siquiera de brindar la seguridad que los habitantes del país se merecen. Yo no creo en cambiar gobierno porque si el sistema sigue, llegará otro que hará lo mismo que todos y se hartará con el pisto del erario. Creo en cambiar un sistema porque no hace falta razonar para entender que el que tenemos no funciona.