Existen elementos para hablar en estos momentos de cambio. La necesidad de encontrar un nuevo orden, un nuevo modelo, despertar a un sueño y descubrir que precisamente la grandeza del hombre radica en su capacidad de reinventarse constantemente.
Ineludiblemente el nuevo orden, el nuevo esquema habrá que construirlo sobre la base del entendimiento, de la tolerancia, del razonamiento ajustado al respeto del Derecho Internacional.
Estamos en presencia del aparecimiento de una nueva agenda internacional que habrá de tomar en cuenta no solamente aspectos prácticos de la política exterior, Real Politik, sino también elementos humanos soslayados del tradicional esquema. Si se quiere, hemos entrado en una nueva fase iluminada por el cambio y la razón.
Como se habrán podido dar cuenta, las columnas que escribo pretenden de alguna manera ilustrar sobre elementos teóricos muchos de los cuales son el resultado de cavilaciones, de lecturas e investigaciones propias, así que por ello en algunos casos me atrevo a formular mis propias conclusiones, que repito por ser propias y por ser quien le escribe a lo mejor un novato en las lides de la investigación son susceptibles a la crítica, que es bienvenida y que sin duda enriquecen la capacidad de continuar investigando.
Habrá que tener en claro algunos elementos básicos que nos permitan comprender algunas fases de este cambio mundial irreversible. La política exterior de los Estados se construye prioritariamente sobre la base de una doble vía, por un lado los intereses supremos del Estado y por otro las coyunturas internacionales que modifican o pueden modificar por momentos la estrategia, sin que se pierda de vista el objetivo (ref. artículo semana anterior).
La consideración anterior, nos hará comprender que a momentos y dados los reajustes propios de los sistemas políticos y económicos, aunados a las fuerzas que se oponen al cambio, propiciaran que a ratos las decisiones que los gobiernos asumen en torno a diferentes situaciones luzcan erráticas, no por ello imprecisas o descoordinadas.
La humanidad no debe esperar resultados en el corto sino más bien en el mediano plazo. Los próximos 2 años serán importantes en la aplicación de una serie de ajustes en la economía mundial, como he insistido, pasando por la revisión del modelo de producción y consumo, hasta la necesidad de imponer un nuevo modelo de interrelacionamiento mundial. Habrá que permanecer atentos a la evolución de los mercados bursátiles, de la evolución de las guerras, del precio del petróleo, de la reformulación de los sistemas capitalistas en otros para dimensionar en el tiempo el cambio anhelado.
Por primera vez a lo largo de la historia moderna, dada la altísima velocidad en la que nos movemos y en espacios cada vez más reducidos y acortados por la cibernética, la interdependencia juega un papel en el diseño de estrategias concertadas, en la elaboración de una agenda mundial que contemple un todo y que incluya por supuesto un nuevo modelo de desarrollo. Es quizá este el punto a donde quería llegar.
El nuevo orden internacional deberá contemplar sin lugar a dudas los elementos que emanan de la multilateralidad, pero al mismo tiempo deberá ser más incluyente y tolerante, es decir deberá tomar en cuenta en la elaboración de su agenda de discusión todos los elementos hasta ahora abordados (Derechos Humanos, inclusión, democracia, sustentabilidad, combate a la pobreza, etc., etc.) y atreverse a plantear nuevos elementos quizás hasta ahora en segundo plano. La conciencia ecológica habrá de tomar vigencia nuevamente.
En octubre escribía en la columna titulada «el mundo está cambiando… y cambiará más» sobre la necesidad, como especie de adaptarnos al cambio y subirnos en esa línea evolucionaría como protagonistas no solamente como simples espectadores. Somos en definitiva corresponsales del cambio y nuestra actitud, nuestra capacidad de entender precisamente nos hará avanzar en la consecución de las metas deseadas, un mundo mejor ¡el cambio es posible!