Gran Bretaña ratificó oficialmente el Tratado de Lisboa de reforma de las instituciones de la Unión Europea (UE), cuyo futuro sin embargo está en duda desde que el mes pasado los electores irlandeses lo rechazaran en un referéndum, informaron hoy fuentes oficiales.
El documento ya había sido aprobado por las dos cámaras del Parlamento británico y había obtenido la aprobación real, tras lo cual sólo faltaba presentar la ratificación en Roma, depositaria de esos instrumentos desde la firma en 1957 del Tratado de Roma, creador de la Europa comunitaria.
Ese último paso fue dado ayer, indicó hoy un portavoz del Foreign Office (cancillería).
«Los documentos fueron presentados en Roma ayer», dijo el portavoz, que añadió que el ministro de Relaciones Exteriores David Miliband se pronunciará sobre la cuestión hoy.
El Tratado de Lisboa, que se propone facilitar el proceso de decisión en una UE ampliada actualmente a 27 miembros, está en un limbo jurídico a causa del «no» irlandés expresado en el referéndum del 12 de junio.
El Tratado fue laboriosamente elaborado como sustituto del proyecto de Constitución europea, rechazado por los electores franceses y holandeses en 2005.
Los dirigentes de los 27 debaten actualmente cómo enfrentar la situación, dado que la entrada en vigor del nuevo texto requiere la aprobación de los 27, sin excepción. Una cumbre sobre el tema debe llevarse a cabo en octubre en Bruselas.
En Gran Bretaña, el texto obtuvo el voto parlamentario el 18 de junio y el asentimiento real el 19, pese a la resistencia de la oposición conservadora y de otros sectores «euroescépicos».
La entrega de los documentos en Roma se vio retrasada por el recurso legal presentado por Stuart Wheller, un empresario de 73 años cercano al Partido Conservador, que exigía un referéndum sobre el tema. Pero el Alto Tribunal de Londres rechazó esa demanda el 25 de junio.
Irlanda está obligada por norma constitucional a someter el Tratado a una consulta popular. Los otros 26 socios decidieron recurrir a la vía parlamentaria.
La cuestión irlandesa caldea los ánimos.
El presidente francés, Nicolas Sarkozy, que ejerce la presidencia semestral de la UE, corre el riesgo de verse confrontado a protestas cuando visite Dublín el próximo lunes, por haber declarado, según diputados de su partido, que los irlandeses deberían ser convocados a un nuevo referéndum.
Dirigentes del Sinn Fein, único partido que hizo campaña por el «no», calificaron la propuesta de Sarkozy de «profundamente insultante».
«El pueblo habló, y el Tratado está muerto», dijo uno de esos dirigentes, Aengus O Snodaigh.