Raseros absolutamente distintos


Como a principios del siglo pasado, la reelección en América Latina adquiere proporciones de pandemia y vemos que paí­ses que posteriormente corrigieron el problema mediante candados constitucionales, ahora los abren para permitir nuevamente la forma de perpetuar a algunos gobernantes. El vicio mayor del pasado fue que las reelecciones terminaron siendo más autoimposiciones que otra cosa, porque los gobernantes utilizaron todos los recursos del poder para eternizarse.

Oscar Clemente Marroquí­n
ocmarroq@lahora.com.gt

En el ciclo polí­tico del siglo pasado vemos que de las largas autocracias se pasó a la era de inestabilidad por la sucesión de cuartelazos y golpes de Estado y posteriormente se estabilizó la región al promoverse una oleada democratizadora basada en procesos electorales poco o nada cuestionados que promovieron alternabilidad en el poder.

Sin embargo, la corrupción, fundamentalmente, generó una crisis de las instituciones polí­ticas y de ello surgió un nuevo mesianismo de dirigentes que subieron como consecuencia de su dura crí­tica al sistema. Y casi todos esos nuevos lí­deres promovieron reformas constitucionales que abrieron las puertas a la reelección.

El punto es que en muchos paí­ses existen serias crí­ticas a la forma en que están procediendo los gobernantes que promueven más y más reformas para mantener el control del poder público. Pero es obvio que existen distintos raseros y se puede ver ahora que es Colombia el paí­s donde se acaba de dar el primer paso para la tercera reelección del presidente ílvaro Uribe, puesto que la mayorí­a de las voces que se pronunciaron enérgicamente contra las reelecciones de Chávez y Correa, advirtiendo además de las intenciones de Zelaya y Ortega, guardan silencio acaso porque Uribe representa su propia ideologí­a.

Los que respaldan a Chávez y compañí­a sostienen que la reelección es un acto eminentemente democrático en el que el pueblo avala la gestión del gobernante que está haciendo bien las cosas. El mismo argumento esgrimen los seguidores de Uribe y en ambos casos ha sido evidente que existe una masiva utilización de los recursos públicos para el impulso de polí­ticas que tienden a fortalecer la imagen de los gobernantes para asegurarse la reelección, de manera tal que los otros dirigentes nacionales no pueden en realidad competir frente a esa grosera manipulación del poder.

De hecho está surgiendo en el continente una especie de debate sobre el tema de la reelección y cada vez son más los que la avalan de alguna forma, aunque siempre puede verse que existe el matiz ideológico y así­ quienes la aprueban para Uribe no comparten el criterio cuando se habla de algún dirigente de izquierda y viceversa.

Hasta que no se use el mismo rasero para discutir un tema de tanta trascendencia en la región, sobre todo por los abundantes antecedentes históricos que tenemos con nombres paradigmáticos como los de Estrada Cabrera y Ubico, Porfirio Dí­az, Martí­nez, Carí­as, Somoza, Trujillo, Duvalier, Pérez Jiménez, Castro, Pinochet, Fujimori y tantos más que se eternizaron en el poder sojuzgando a sus pueblos, el debate seguirá estando marcado por las tendencias ideológicas que hacen aplaudir algunas reelecciones y criticar de manera virulenta otras.

Pero indudablemente estamos en una especie de retorno al pasado con esa masiva tendencia que se va notando por todo el espinazo de América, donde prácticamente no hay gobernante que no use mañas para mantener el poder o asegurárselo a sus partidarios o parientes.