Rafael sujeta la correa


Varios dí­as después de la rebelión del cuerpo policial ecuatoriano, el presidente Rafael Correa desde el Palacio de Carondelet demostró que tiene sujetas las riendas y las correas de su paí­s. Su liderazgo respaldado por un í­ndice del 60% de popularidad ha sabido sobreponerse del incidente que causó sorpresa internacional, y revivió inmediatamente el fantasma del vecino paí­s catracho en la consigna «Esto no es Honduras, Correa Presidente». Salieron en su defensa, el pueblo y las fuerzas armadas del Ejército ecuatoriano, legitimando su gestión y a la vez la institucionalidad democrática del paí­s a la que le anteceden golpes de Estado, el último de ellos solo hace cinco años.

Julio Donis

Pasada la asonada es relevante subrayar elementos de la crisis polí­tica observada, identificar los intereses y las intenciones que la motivaron, para contrastar con la nueva izquierda correí­sta. El más evidente tiene que ver con la Ley de Servicio Público, instrumento normativo que elimina los incentivos monetarios por condecoraciones, estableciendo un sistema de remuneraciones que reconoce el trabajo de cuerpos de bomberos, militares y policiales, como el ordenamiento y retribución de las horas extras en fines de semana. Este elemento si bien fue el detonante, no justifica por sí­ mismo las acciones reaccionarias de la Policí­a. De hecho la mencionada Ley fue aprobada por la Asamblea Nacional solo la noche antes a las diecinueve horas. Bajo esta presunción, Correa no sobredimensionó la crisis al llamarla intento de golpe de Estado, más bien acertó y su acción en defensa de la institucionalidad fue valiente y segura. Es previsible entonces que la inconformidad de la Policí­a fuera usada como móvil para intenciones de otro tipo.

El proyecto correí­sta forma parte de las nuevas izquierdas vigentes en América de Sur y como tal, su estilo impone un reto de fondo a la democracia de tradición liberal o neoliberal. He aquí­ una clave tras los hechos sucedidos. Las izquierdas como la de Ecuador incluyen la caracterí­stica de una marcada pluralidad en la organización; se unen posiciones de reforma al Estado con posiciones anti-Estado. Otra caracterí­stica es, en palabras de Bonaventura de Santos, la creación de «pluralidades despolarizadas», esto implica nuevas agendas y nuevos actores en la polí­tica, peleando igualdad. Un tercer elemento tiene que ver con el terreno de la sociedad civil como plataforma de lucha; esto le ofrece significado a su vez a la primera caracterí­stica, y en mi criterio fortalece la concepción de Estado como relación social, o como una forma social del Estado.

Una cuarta forma polí­tica de la izquierda ecuatoriana de Correa, es quizá la que le pone el mayor reto a la democracia como sistema polí­tico. Implica ampliación de los márgenes y profundización de la misma, de forma polí­tica de gobierno a forma de vida, a sistema de valores. Correa plantea una propuesta polí­tica, social y económica redimensionando la democracia, y este es quizá la médula del asunto, poner en evidencia la fallida actuación neoliberal y por lo tanto la doble moral de los libertarios. Esto no es menor, ya que evidencia las contradicciones del sistema democrático liberal para reestructurar nuevas categorí­as de lucha. El saldo para Correa es del todo positivo. Tiene el apoyo de la población como ya se dijo, además del respaldo internacional de muchos gobiernos y de órganos multilaterales, incluidos y a pesar de todo el de la OEA y el de Estados Unidos.