Uno quisiera que pensaran más grande. Quisiera que en lugar de estar peleándose las alcaldías que los van a apoyar, los cuatro finalistas pensaran en cosas grandes y dejaran por un lado esos baratos tratos y componendas a que los obliga la politiquería.
Cuando se contempla un Dr. Alejandro Giammattei que ahora se ha hecho gran cuate del militar candidato a presidente, no puede uno sino extasiarse ante los incalificables cambios de opinión, ridiculeces a que los obliga la ambición politiquera.
Alejandro se había referido a los dos partidos, al de la esperanza y al Patriota, como un par de enfermos terminales, es decir faltos ya de razón, sin ninguna esperanza por sobrevivir, y ahora, cuando me contaron de sus acercamientos al militar yo creí que Giammattei se le acercaba para darle respiración boca a boca. ! Pero qué va?! ¿Es esa la palabra de los que se dicen: «Nosotros los buenos»?
Les cuento que para la primera vuelta, convencido de que la UNE ganaría, la Lila y yo votamos a favor de Giammattei, esperando que así lograra el segundo lugar, y que participara de contendiente en la segunda vuelta.
Por eso, me sorprendió desfavorablemente el que el colega Alejandro, un profesional universitario se haya unido a un militar.
Es que parece imposible que ya hayamos olvidado lo difícil que fue para Guatemala ya no acudir a los golpistas militares para lograr ingresar a la democracia eligiendo, sin fraudes, a presidentes universitarios civiles, que pudieran ver más allá.
Fue por eso que admiré la decisión de Rafa Espada para dedicarse a la política puesto que comprendía que, aun cuando su tarea como cirujano vascular era de una repercusión trascendente, él quería ir más allá y cambiar de raíz muchos males. Y uno se da cuenta que, salvo raras excepciones, eso puede lograrse solamente dedicándose a la política y siendo líder de naciones.
La revista TIME de este 17 de septiembre publica un anuncio que hace la megacompañía General Electric en la que aparece un hombre de pie al final de un muelle sobre un lago y mirando hacia el pico nevado de un volcán al fondo, y al pie del cual se lee: «Algunos tratan de predecir el futuro. Los visionarios lo cambian» (some people try to predict the future. Visionaries change it)
Es entonces que descubro en ese giro que para su destino hizo Rafa, en que indudablemente lo había movido esa visión que lo inquietaba. Si acaso estoy en lo correcto, creo que Rafa no deberá perder la meta que para cambiar el futuro de Guatemala, ha escogido. Que se abstenga de participar en tratos y componendas politiqueras.
Yo comprendo que metido en la política partidista, Rafa se verá obligado a hacer tratos y convenios con otros partidos políticos, porque, ahora mismo el objetivo más inmediato es ganar en la segunda vuelta. Sin embargo, en vista a las obligadas tentaciones que tendrá su partido, el de la esperanza, para hacerse de más adeptos, uno teme que caiga en alianzas baratas, que puedan mancharlo y perturben su visión.
Rafa, busque en ese número de TIME el anuncio a que me he referido, y siéntase uno de esos visionarios que quieren cambiar a Guatemala ejerciendo una política partidista de clase alta, en la que la palabra tiene su valor y en la que no haya componendas ni tratos baratos.