R E A L I D A R I O (DXCIV)


Castración de la sensibilidad. «Los hombres no lloran», una de las primeras lecciones de diferenciación y afirmación machista. ¡Ah!, los hombres no, entonces las mujeres sí­. Llorar como signo de debilidad. La contención o represión del llanto en el niño varón como signo de supremací­a y dominio sexual. Un comienzo para una carrera de violencia, sea contenida o desatada. El joven, el hombre adulto castrado de sensibilidad, emasculado de sentimientos, de ternura, de lo más humano en la humanidad. La violencia no cree en lágrimas. La violencia contra la mujer es una pequeña raí­z, entre otras, muy hundida en la psiquis del hombre, alimentada con lágrimas femeniles. Para Ramón del Valle Inclán «La risa y las lágrimas son los caminos de Dios». Caminos por donde muchos hombres cojean, se quedan a medias y no dejan ninguna, ninguna huella.

René Leiva

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Familia adoptada. Niño raptado, de sólo seis meses de nacido, mantenido en casa cuna clandestina, desnutrido pero todaví­a no enfermo de gravedad, bajo los oficios profesionales de diligente abogángster, desea adoptar pareja extranjera, gringa o canadiense, ofrece pagar o abonar con su cuerpo (ojos llorosos, manitas empuñadas, cerebro casi virgen), su inocencia, su gracia natural, su memoria en disponibilidad, etcétera, todo ello a cambio de manutención y un poco de cariño, según las sagradas leyes no escritas del mercado virtual. No se harán averiguaciones y todos felices.

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Una ligosa liga. La gloriosa, feudal, neofascista, seudoliberal y ligosa Liga. Pro. Patria (del criollo), que se acoge en su exclusivo y selecto seno a personajes de la talla de Pedro de Alvarado, Beatriz de la Cueva, Antonio de Fuentes y Guzmán, José de Bustamante y Guerra, Gabino Gaí­nza, Rafael Carrera, Rufino Barrios, Manuel Estrada Cabrera, don Jorge (Ubico), Castillo Armas, Carlos Arana Osorio, Romeo y Benedicto Lucas Garcí­a, Efraí­n el Anticristo (¡Ah!, y Carlos V y Felipe II, por supuesto) y don Meme Ayau, entre otros no menos esclarecidos patriotas de rancia cepa, ha enderezado un torcido alegato de inconstitucionalidad ante la Ce Ce por la aprobación de la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG). Sin comentarios, por el momento. Pero la impunidad involucra a los aparatos clandestinos y cuerpos ilegales de «seguridad», nada menos.

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Gato encerrado. En entrevista exclusiva, cómo no, mi amigo el gato admite, un poco a regañadientes, que lleva ya varios perí­odos de gobierno, con leves respiros, de estar encerrado contra su voluntad y su temperamento libre y medio salvaje. Mi amigo el gato no comprende muy bien por qué los gobiernos reinciden en encerrarlo; es decir; a medida que un perí­odo gubernativo se sucede, los dignatarios y altos funcionarios ven la manera de meterlo en una parte o en un lugar escondido, impidiéndole la salida, aunque su tí­mido maullar e incluso su olor y uno que otro pelo suyo en el ambiente hace sospechar a otros, sean de la oposición o a equipos investigativos de la prensa independiente, que lo tienen en calidad de encarcelado o prisionero. A mi amigo el gato le intriga eso de que mucha gente, sin ser suspicaz o recelosa, sabe que lo tienen encerrado, y a pesar de eso el gobierno de turno se empeña en mantenerlo así­ e inclusive negarlo y desmentirlo con el mayor e hipócrita desparpajo. (Por otra parte, mi amigo el gato también reconoce que estar encerrado en el seno de un gobierno, sobre todo si es empresarial, le reporta buena alimentación, cierta seguridad, ratoncitos tiernos, veterinario colegiado, una que otra sexoservidora para las frí­as noches….). Hasta mi amigo el gato encerrado ha derivado en parte sustancial del sistema, del costumbro, cabe concluir.