R E A L I D A R I O (DXCIII)


Asesorí­a Técnica. En la medida de nuestras modestas posibilidades, el prestigioso Departamento Técnico en administración, economí­a y diplomacia de Abstencionistas Anónimos, poco a poco, en razonables dosis, se permitirá ir proporcionando a don Colom Caballeros (ílvaro) una discreta serie de observaciones, sugerencias, advertencias, exhortaciones e incluso mociones privilegiadas, todo ello dentro del más estricto espí­ritu constructivo, coherente, consecuente y de concordia ciudadana. De más está advertir a nuestros detractores y a los eternos mal pensados que a Abstencionistas Anónimos (el más antiguo, numeroso, fiel, politizado, í­ntegro, invicto y siempre vigente partido no registrado del paí­s de la eterna) no le anima, nunca, cogobernar con don Colom ni, menos aún, algún hueso, puesto o cargo durante su gobierno, ya que somos pobres pero honrados, mientras no se demuestre lo contrario. Nuestras pautas, directrices y preceptos irán siempre acompañados de un pequeño análisis de situación contextualizado. Para Mirador Abstencionista, nuestro órgano consentido, su apostolado no termina ni da comienzo con las votaciones generales y coroneles. Por el contrario, nuestra labor fiscalizadora y consultora es permanente, al servicio de toda la ciudadaní­a, aunque no sea demócrata, en su mayor parte.

René Leiva

(En el mismo desorden de ideas ha trascendido que ílvaro se mandó a diseñar un oí­do extra, de repuesto, al cuidado de sus más cercanos colaboradores, para que dicho aparato de alta resolución logre oí­r, escuchar y atender cuanta indicación, queja o insinuación sea imposible que llegue a sus oí­dos naturales, incluso tomando en cuenta que son dos, se supone).

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Gajes. Algunos comentarios que recibo en mi buzón electrónico de madera se refieren a erratas detectadas o descubiertas por mis nueve mil doscientos cuarenta y cuatro (9,244) lectores en algunos de estos Realidarios, errores de los que yo soy el primer sorprendido, por cierto. Son los gajes del oficio para un producto por fuerza compartido.

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Polí­tico feudal. De seguro que ílvaro el Soberbio no es el tercer mejor alcalde de la Ví­a Láctea y ni siguiera del sistema planetario, pero sí­ es un personaje, una personalidad e incluso una persona que ha sido lo que ha querido, hecho lo que le ha dado la gana, tenido cuanto ha apetecido, estado donde se le ha antojado, dicho tanto como su esquivez se ha impuesto. Como pocos. Ha manejado la alcaldí­a capitalina y la Presidencia de la República como el señor de sus feudos, muchas veces montado en Cólera, la famosa yegua andaluza. La sombra de Tonatiuh junto a las sombras de un obispo y un lechero. Arzú Irigoyen nunca ha tenido la nobleza de un lí­der medianamente civilizado. Ha sido el macho alfa en una jaurí­a de coyotes rapaces, de bien provista madriguera.

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Antiamericano. Por más esfuerzos mentales e intelectuales que hago, no logro concebirme a mí­ mismo como militante, digamos, antiamericano, siendo yo mismo un individuo nacido, crecido y multiplicado y a veces dividido en este continente precisamente, América; y del Centro, para ser mas exacto y preciso. Anti, como se sabe, es un prefijo de origen griego cuyo significado es contra u oposición, y americano es un adjetivo y sustantivo que denota origen, procedencia, naturaleza, posesión o pertenencia a cierto continente que se extiende desde la región ártica hasta el Cí­rculo Polar Antártico, con una longitud total de 18 mil kilómetros, dividido en Norte, Centro y Sur, e incluye a las Antillas Mayores y Antillas Menores. Así­ las cosas, estar en contra u oponerse a dicho continente y a todo su contenido parecerí­a cosa de locos, dementes, orates, chiflados o chusemas. Y yo, la verdad, nunca en mi vida he conocido ni tenido noticia de la existencia de algún -uno solo- antiamericano mujer u hombre, europeo, africano o asiático, a Dios gracias. (En este desorden de ideas, quien es opuesto a la polí­tica exterior y al neocolonialismo económico yanqui, a su ecoterrorismo, sus guerras de «prevención», su «destino manifiesto», al bloqueo contra Cuba, a su penetración cultural, etc., debe aplicársele el término antiyanqui o antigringo, más bien; o antiimperialista, para ser más explí­citos).