Asesoría Técnica. En la medida de nuestras modestas posibilidades, el prestigioso Departamento Técnico en administración, economía y diplomacia de Abstencionistas Anónimos, poco a poco, en razonables dosis, se permitirá ir proporcionando a don Colom Caballeros (ílvaro) una discreta serie de observaciones, sugerencias, advertencias, exhortaciones e incluso mociones privilegiadas, todo ello dentro del más estricto espíritu constructivo, coherente, consecuente y de concordia ciudadana. De más está advertir a nuestros detractores y a los eternos mal pensados que a Abstencionistas Anónimos (el más antiguo, numeroso, fiel, politizado, íntegro, invicto y siempre vigente partido no registrado del país de la eterna) no le anima, nunca, cogobernar con don Colom ni, menos aún, algún hueso, puesto o cargo durante su gobierno, ya que somos pobres pero honrados, mientras no se demuestre lo contrario. Nuestras pautas, directrices y preceptos irán siempre acompañados de un pequeño análisis de situación contextualizado. Para Mirador Abstencionista, nuestro órgano consentido, su apostolado no termina ni da comienzo con las votaciones generales y coroneles. Por el contrario, nuestra labor fiscalizadora y consultora es permanente, al servicio de toda la ciudadanía, aunque no sea demócrata, en su mayor parte.
(En el mismo desorden de ideas ha trascendido que ílvaro se mandó a diseñar un oído extra, de repuesto, al cuidado de sus más cercanos colaboradores, para que dicho aparato de alta resolución logre oír, escuchar y atender cuanta indicación, queja o insinuación sea imposible que llegue a sus oídos naturales, incluso tomando en cuenta que son dos, se supone).
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Gajes. Algunos comentarios que recibo en mi buzón electrónico de madera se refieren a erratas detectadas o descubiertas por mis nueve mil doscientos cuarenta y cuatro (9,244) lectores en algunos de estos Realidarios, errores de los que yo soy el primer sorprendido, por cierto. Son los gajes del oficio para un producto por fuerza compartido.
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Político feudal. De seguro que ílvaro el Soberbio no es el tercer mejor alcalde de la Vía Láctea y ni siguiera del sistema planetario, pero sí es un personaje, una personalidad e incluso una persona que ha sido lo que ha querido, hecho lo que le ha dado la gana, tenido cuanto ha apetecido, estado donde se le ha antojado, dicho tanto como su esquivez se ha impuesto. Como pocos. Ha manejado la alcaldía capitalina y la Presidencia de la República como el señor de sus feudos, muchas veces montado en Cólera, la famosa yegua andaluza. La sombra de Tonatiuh junto a las sombras de un obispo y un lechero. Arzú Irigoyen nunca ha tenido la nobleza de un líder medianamente civilizado. Ha sido el macho alfa en una jauría de coyotes rapaces, de bien provista madriguera.
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Antiamericano. Por más esfuerzos mentales e intelectuales que hago, no logro concebirme a mí mismo como militante, digamos, antiamericano, siendo yo mismo un individuo nacido, crecido y multiplicado y a veces dividido en este continente precisamente, América; y del Centro, para ser mas exacto y preciso. Anti, como se sabe, es un prefijo de origen griego cuyo significado es contra u oposición, y americano es un adjetivo y sustantivo que denota origen, procedencia, naturaleza, posesión o pertenencia a cierto continente que se extiende desde la región ártica hasta el Círculo Polar Antártico, con una longitud total de 18 mil kilómetros, dividido en Norte, Centro y Sur, e incluye a las Antillas Mayores y Antillas Menores. Así las cosas, estar en contra u oponerse a dicho continente y a todo su contenido parecería cosa de locos, dementes, orates, chiflados o chusemas. Y yo, la verdad, nunca en mi vida he conocido ni tenido noticia de la existencia de algún -uno solo- antiamericano mujer u hombre, europeo, africano o asiático, a Dios gracias. (En este desorden de ideas, quien es opuesto a la política exterior y al neocolonialismo económico yanqui, a su ecoterrorismo, sus guerras de «prevención», su «destino manifiesto», al bloqueo contra Cuba, a su penetración cultural, etc., debe aplicársele el término antiyanqui o antigringo, más bien; o antiimperialista, para ser más explícitos).