R E A L I D A R I O (DLXXXVII)


Encuestas a la carta. Hubo un tiempo ingenuo en que el resultado de las encuestas era más bien un albur, algo contingente y sin sujeción alguna. Hoy en dí­a, con la consagrada ley de la oferta y la demanda, mediante el método cientí­fico y de acuerdo a las necesidades del contratista y en consonancia con la fórmula mercadológica de que quien paga manda y siempre tiene la razón, las encuestas se elaboran a la carta, al gusto del cliente, con un setenta por ciento (70%) de participación y utilización de los tontos útiles –dicho sea con todo respeto– que se dejan encuestar, y un 30 por ciento dejado a la parte artí­stica o creativa de la empresa encuestadora, lo cual arroja los datos apetecidos y a conveniencia del adquiriente. Incluso se sabe que existen «paquetes» o prospectos de encuestas con diversidad de resultados, tipo menú o minuta, y el comprador, de antemano, ya solo indica cuál, cuándo y de a cómo va a querer su encuesta, y en caso no quede satisfecho se le devuelve el dinero, lo cual muy rara vez sucede, por razones obvias. (Con información de las lenguas bí­fidas de la Plaza de los Lamentos, de reconocido anonimato.)

René Leiva

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De huesos y chuchos. La treintena –fémur más, cúbito menos– de jugosos y carnudos huesos siempre ha estado ahí­ y allí­. Lo que al electorado honrado y trabajador le urge conocer y saber es a qué equipo selecto de chuchos corresponderán dichos huesos tan mentados y apetecidos por la jaurí­a y también, claro está, por los coyotes de la misma loma. El electorado ya no puede seguir soportando esa cruel e insidiosa incertidumbre, lo cual da lugar a que se barajen originales nombres de conocidos chuchos como el Bobi, Sultán, Nerón, Fido, la Fani, Cuate, etcétera. ¿Cómo puede un ejemplar ciudadano ejercer su obligación, deber, responsabilidad, compromiso, misión, precisión y cumplimiento si no sabe o ignora no únicamente el nombre sino también la raza y el pedigrí­ de todos los canes pretendientes a los diversos huesos, si están inmunizados contra la rabia, desparasitados y con su vacuna séxtuple, la marca de su concentrado preferido, en fin. Incluso en Abstencionistas Anónimos –y esto ya es mucho decir– comemos ansias ante la terrible urgencia por conocer la identidad y pelaje de todos los chuchos potenciales. Por los huesos no hay pena.

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Tránsfugas asociados. Según ha trascendido en medios parlamentarios y partidarios, principalmente, ha quedado ya constituida la gloriosa Asociación Guatemalteca de Tránsfugas Polí­ticos (AGUTRAPO), con personerí­a jurí­dica y estatutos propios, cuyo principal objetivo, aparte de la defensa y reivindicación de los asociados, es el de fomentar, estimular y promover entre los polí­ticos, sean de la ideologí­a o tendencia que fuere, la adopción y el cambio sistemático, constante y perseverante, de doctrina y sobre todo de partido, como una manera de oxigenar (sic) y dotar de dinamismo al noble ejercicio polí­tico, pues aquellos activistas que resisten y persisten siempre en el mismo partido, casi inventariados o en calidad de muebles del siglo pasado, es como si estuvieran muertos (sic). Tal serí­a en sí­ntesis la mí­stica transfugista, tan ingratamente incomprendida. Y claro está, por general aquiescencia, el sí­mbolo de AGUTRAPO no podí­a ser otro que mi amigo el camaleón. La primera presidenta, luego de encarnizada elección, recayó en la persona de la exquisita bolerista y modelo internacional, doña Anabella de León, hembra del camaleón, precisamente.

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«Sanavavich» Bush (variaciones imperiales). Además de genocida, criminal de guerra y terrorista internacional, como complemento, Chorch «Sanavavich» Bush es un mentiroso nato, un eufemista descarado, un hipócrita incurable. Dice que Yanquilandia no tortura sino que emplea «interrogatorios técnicos»; no asesina a mujeres y niños iraquí­es y afganos sino que son «daños colaterales»; no invade territorios ajenos con su ejército de mercenarios, infames de marina, para apropiarse de recursos naturales, sino que llega a imponer la despreciable democracia made in USA, con la asesorí­a técnica de Mossad. El corruptible cuerpo de «Sanavavich» Bush encierra el alma de un militar latinoamericano entrenado en la gloriosa Escuela de las Américas.

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¿Chana o Juana? Dos amigos son encuestados a la vez. A la pregunta de por quién balotarí­a si las votaciones fuesen hoy mismo, uno responde que por Chana y el otro que por Juana. Después, el de Juana dice que votó por ella porque no es Chana, y el de Chana asegura que votó por ella porque no es Juana. Fin.