Recomendación abstencionista. El cuerpo técnico del Departamento de Asuntos Políticos de Abstencionistas Anónimos, en conjunción con Mirador Abstencionista y el Abstenciobarómetro, está en estudio de la posibilidad probable o la probable posibilidad de recomendar al electorado, en forma manifiesta y pública, que por favor haga uso, tome en consideración y otorgue prioridad, en su facultad y derecho a escoger al próximo Presidente de la República, a su dignidad, a su inteligencia y a su memoria histórica. Hay individuos proclives a besar la bota y a venerar la cachucha, a lamer la escupida en la faz patria del potencial tirano, a ofrecerle la otra mejilla a sus verdugos. Hay individuos así. Pero no un pueblo, se supone. No obstante, para Abstencionistas Anónimos el pueblo desunido ?con una mayoría de sumisión histórica rayana en el embrutecimiento político? ya está vencido. Otra vez. En tanto no demuestre lo contrario.
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De primera comunión. En boletín de prensa, la Asociación Guatemalteca de Niños de Primera Comunión (AGUANIPRICO) ve con mucha preocupación la frecuencia, reiteración a insidia con que a través de diferentes medios, de forma irresponsable y carente de toda veracidad, se arguye en el sentido de que un determinado político partidista se viste o anda vestido de primera comunión, toda vez que para vestirse de dicha manera, en primer lugar, la persona tiene por fuerza que ser un niño no mayor de doce años de edad, aunque de preferencia debe estar entre los siete y diez años, y por un solo día en su vida, acompañado de la familia o al menos de su mamá, en un trayecto comprendido de su casa de habitación (si la hubiere) a su centro de estudios y el templo donde se administra la sagrada eucaristía. En tal virtud, la AGUANIPRICO niega, refuta, desmiente, rechaza e incluso abomina de esa difundida especie tendenciosa y perversa de que algún político partidista, sea choteado o bisoño, pueda andar por ahí o por allí vestido de primera comunión. Aberraciones aparte.
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Banderas afuera. A lo largo de muchos años, desde estas páginas constructivas, me he permitido lanzar variedad de mociones más o menos privilegiadas, pero aunque el pleno nunca las ha tomado en consideración, no pierdo la esperanza de que alguna vez una de ellas sea analizada por la comisión específica, discutida e incluso sancionada por el no tan honorable. Por ejemplo, sería saludable que a la entrada del Congreso Nacional se disponga de un espacioso lugar, o sea fuera del hemiciclo y de las sedes de comisiones, en donde los parlamentarios depositen sus respectivas banderas políticas, como se estila en los casilleros a la entrada de los supermercados, o sea que se prohíba a los diputados ingresar con pendones, enseñas o estandartes partidarios, pues sucede con demasiada frecuencia que los utilizan a manera de garrotes o de armas contundentes, no para su defensa sino con el objeto de agredir con ellas a sus rivales u oponentes, lo que se conoce como banderazos políticos, que no pocas veces causan lesiones, contusiones, magullamientos e incluso heridas sangrantes, con los consecuentes enconos y rencores que tanto daño ocasionan a la democracia, al Estado de derecho, la gobernabilidad y demás hierbas alucinógenas, incluso entre coyotes de la misma loma. Cada casilla tendría el nombre del o de la representante ?incluidos, desde luego, los tránsfugas profesionales?, y al final de cada sesión pasaría a recoger su bandera política para, ya en la calle, hacer con ella lo que mejor le plazca. Ojalá con la «nueva» legislatura.
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¿»Ranking»? A los cultos coordinadores de Acción Ciudadana se les recuerda, muy respetuosamente, que «ranking» es un anglicismo innecesario, que puede ?y debe? sustituirse por lista, clasificación, catálogo, orden, jerarquía, según el caso. En su última publicación, la chocante palabra «ranking» aparece con una insidia que provoca náusea, un término forastero y disonante que crea anticuerpos semánticos en el propio contexto. Depender de una cierta «transparency» no es razón suficiente para la alienante servidumbre idiomática, vía globalización.