R E A L I D A R I O (DLXVIII)


Abstencionistas Maduros. En magna asamblea nacional realizada en conocido hotel capitalino, los Abstencionistas Anónimos decidimos cambiar de forma provisional lo de anónimo por maduro, siempre de acuerdo con nuestros estatutos, pero no porque renunciemos a un sano anonimato, de ninguna manera, ya que seguimos siendo decididos anónimos por razones obvias, sino porque la mayorí­a de nosotros hemos sabido alcanzar la suficiente madurez (sazón, prudencia, sensatez, juicio, reflexión) en nuestro abstencionismo, al punto de que podemos identificar al abstencionista inmaduro, precoz, inexperto, emotivo, poco racional, ignorante, e incluso impulsivo. Cabe aclarar, sin embargo, que esto de la madurez abstencionista tiene poca o ninguna relación con la edad cronológica de la persona en particular, pues en nuestras filas contamos con jóvenes veintiañeros con una madurez en su posición de abstenerse que realmente impresiona, levanta el ánimo e invita a no claudicar. (Los niños son sabios: ya vienen con la necesaria madurez abstencionistas, pero a medida que se adaptan a la sociedad, al sistema, a la polí­tica partidista, son desviados del buen camino, al menos la gran mayorí­a.)

René Leiva

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Discapacidad de asombro. Después de consultar con varios especialistas nacionales y extranjeros, he llegado a la triste conclusión de que ya nunca podré recuperar mi capacidad de asombro en materia polí­tica, ni siquiera de forma parcial. «Usted está desahuciado» fue la lapidaria resolución de los expertos. En polí­tica, mi capacidad de asombro la empecé a perder durante el relajado y glorioso gobierno del Nicho Cerezo, en al menos un cincuenta por ciento (50%). Pero es irreversible. Quien es privado de su capacidad de asombro polí­tico puede despedirse de ella, de dicha cabida, porque jamás podrá volver a sentirla, experimentarla, gozarla, disfrutarla (hasta cierto punto). Esa capacidad de asombro, admiración, sorpresa, pasmo, en especial, ya no retoña. Se seca, se muere, se extingue. Envase no retornable. Y según parece, la capacidad de asombro polí­tico varí­a de un individuo a otro. Hay personas cuya posibilidad o aptitud es virtualmente inacabable e insaciable. Otros, como yo, luego se llenan y sacian, en una especie de empacho o indigestión rayana en náusea crónica. Es triste ya no poder asombrarse de nada concerniente a polí­tica. Una especie de esterilidad inducida, de menopausia para incubar el probable portento. Anatema a todos los que con sus aberraciones me hicieron un discapacitado en asombro polí­tico, moradores del basurero de la historia, enterradores del héroe, usurpadores de la utopí­a.

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Una varita mágica. Entre los más serios observadores se estima que todo presidenciable responsable y visionario debe conseguirse una buena varita mágica para el caso remoto, pero no improbable de triunfar en las elecciones generales y coroneles que están montando a la vuelta de la esquina. Hoy en dí­a existe una impresionante oferta de varitas mágicas en el mercado nacional e internacional, para todo uso y ocasión, desechables y de larga duración, con fecha de vencimiento o de una vida útil casi inagotable. Las mejores varitas mágicas siguen siendo las made in USA, pero también se encuentran de óptima calidad hechas en Taiwán, Alemania, Corea del Sur, Japón, e incluso Brasil y Chile, y ya no digamos México. Los analistas consideran que ya no existe excusa alguna para que un candidato se prive de adquirir una su varita mágica -sea por razones religiosas o ideológicas-, ya que es un adminí­culo o accesorio indispensable para el buen funcionamiento o el desempeño de un primer mandatario de la Nación, sobre todo durante el primer año de su administración, cuando el electorado espera con ansias esas prácticas de manipulación de las fuerzas ocultas de la naturaleza, la invocación de espí­ritus para conseguir resultados sobrenaturales, el prodigio, la maravilla, la prestidigitación, el ilusionismo, en fin.

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Alma del circo. Campechano Bershé (quien no necesariamente nació en Campeche), en otra de sus famosas frases célebres, ha asegurado que lleva el circo en el alma, o en el corazón, o en la sangre. ¿Cómo dudarlo? El payaso, por ejemplo, el más emblemático de los personajes circenses, sin duda que también lleva el circo en el alma, o más bien es el alma del circo, el otro.