R E A L I D A R I O (DL) ? René Leiva


René Leiva

De la nada. Autoridades de la nada, que pidieron el anonimato, ante publicaciones de prensa acerca de un pueblo que supuestamente salió de allí­ o ahí­, la nada, y se asentó en la cumbre de Alaska, desean aclarar que, hasta donde se sabe y a ellos les consta, nada puede salir de la nada, ni la materia ni la energí­a, por la elemental y evidente razón práctica de que la nada, como tal, no posee existencia experimental, a menos que uno se meta a abruptos y extradimensionales terrenos, fuera de toda experiencia, o sea de orden metafí­sico, metasí­quico e incluso de ciencia-ficción. Entonces, cualesquiera que vaya a aquel asentamiento humano, platique con sus pobladores (¿con qué palabras prudentes preguntarles si es cierto eso de que salieron de la nada?) y sepa de su procedencia se dará cuenta de que nunca jamás salió de la nada, explicaron las actuales autoridades competentes de la nada, pues este tipo de informaciones suelen confundir a la ciudadaní­a, que cada vez necesita de más certezas y un suelo seguro bajo sus pies, donde incluso puedan echar raí­ces.

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Dos familias. Mis patrocinados, miembros de la honorable y conocida familia Miculax Bush, por respeto que les merece la historia y la opinión pública, desean desvirtuar y aclarar esa tendenciosa y gratuita especie según la cual dicha estirpe estarí­a emparentada con cierta dinastí­a de origen anglosajón asentada en los Estados Unidos de América, algunos de cuyos miembros varones ostentan el poder polí­tico, económico y guerrerista en esa gran nación a lo largo de varias décadas. La familia Miculax Bush, mi patrocinada, niega que una simple coincidencia morfológica y fonética en ambos apellidos automáticamente pueda significar una relación de consanguinidad, o que desciendan de antepasadas comunes, no obstante ciertas tendencias homicidas, muy conocidas, en miembros de una y otra familia, lo cual más bien es aleatorio y secundario. Pero para llegar al fondo del asunto, la familia Miculax Bush, por mi medio, proyecta realizar exámenes de ADN a miembros voluntarios de las dos castas, la chapina y la gringa, o sea que llegaremos hasta las últimas consecuencias, así­ gane el que pierda, o viceversa.

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A la vuelta de la esquina. Da gusto observar a alguno de esos grupos de policí­as y soldados apostados en una esquina del Centro Histórico capitalino, esquinando precisamente, en amena plática, sin perder de vista a cuanta traida con el ombligo al aire pasa por allí­; uno de tales agentes con un pie levantado descansando en la pared, otro representante de la autoridad dándole vueltas a la cadena del gorgorito en el dedo í­ndice, alguno más, con desgano, el codo apoyado en la cacha de la pistola. Es una mañana fresca y soleada, con ese aire a fiesta y consumo desenfrenado que se respira en las calles. Y mientras nuestra despreocupada trouppe de seguridad especial aguarda así­ la hora del almuerzo, a pocos pasos, a la vuelta de la esquina, el celular o la vida.

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Carta de la señora de Clos. Entre mi copiosa y heterogénea correspondencia encontré una breve pero conceptuosa nota de la señora de Clos, esposa de Santa, fechada en el Polo Norte (cada vez menos frí­o, apunta ella, debido al calentamiento global), en la que me agradece por mi defensa desinteresadas a la existencia real de su esposo, pero me aclara que Santa también es una ví­ctima comercial del sistema, que su figura ha sido explotada de manera inescrupulosa por la insidiosa publicidad, pero que además, once mese del año, debe trabajar allá en una maquila de coreanos de Corea, como cualquier obrero desechable, en donde se ensamblan juguetes bélicos principalmente, y que sólo unos dí­as de diciembre sale a repartir regalos al mundo consumista, obligado a carcajearse y mostrarse bonachón, siempre vigilado por agentes del sistema, para que no intente desertar o pasar información comprometedora, se queja la señora de Clos. (Por mi parte, yo agregarí­a que esta ya no es una tragedia familiar sino global, en la que podrí­a interponerse los buenos oficios de la OMC, la UNESCO, la OIT, Uman raigts, Grinpis, etcétera, para rescatar a Santa de su condición de pelele del mercado.)

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Pinochet. Presento mis sinceras sindolencias a la oligarquí­a y alta burguesí­a nacional, al señor Ejército, a la gloriosa Universidad Pancho Marroquí­n, e instituciones afines, por la muerte del traidor a Salvador Allende, corrupto dictador de la República de Chile, terrorista de Estado, criminal de lesa humanidad, expoliador (cuentas secretas, pasaportes falsos), inventor de la caravana de la muerte y la Operación Cóndor, sembrador de odios y divisionismos, general y senador vitalicio, momia polí­tica y paria moral, don Augusto Pinochet Ugarte, otro coche latinoamericano al que nunca le llegó su respectivo y merecido sábado.