R E A L I D A R I O (DCXXXVI)


írbol navideño. Un pinabete de montaña, crucificado en su propio madero, exhala perfume de sus heridas en distintas partes del cuerpo.

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René Leiva

¿Todos estamos en el mismo barco? Hhmm. Más bien, unos pocos van en yate de lujo o trasatlántico. Otros en buque mercante, petrolero o barco cisterna. Aquellos en naví­o de guerra, en portaaviones, acorazados o guardacostas. Los que se deslizan en alegres góndolas ?el agua convertida en vino? al ritmo de una guitarra. Los atroces balleneros, atuneros y camaroneros, depredadores de su propio elemento.

Los hay en goletas de pirata con su bandera negra y calavera. Algunos en calidad de galeotes encadenados a un remo sin dueño. Los ilusos que en carabelas se dirigen al «descubrimiento» de habitadas y civilizadas tierras. La mayorí­a va en improvisada balsa de troncos mal amarrados, o asidos a una pinche tabla tambaleante. El dichoso barco es más mismo para unos que para otros. Pero que vamos, vamos, y el Gran Puerto, cabalmente, nos espera a todos sin excepción, a mitad o al final del multitudinario viaje.

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Vacaflaca. En el ánimo y en la propia psiquis de mi amiga la vaca flaca confluyen pasiones encontradas que la mantienen inquieta y expectante, al punto de no saber a qué atenerse y cómo conducirse en la vida, de permití­rsele. Aunque siempre ha sido discriminada y marginada, lo cual es causa de su flaqueza y escualidez, ahora vienen los expertos a otorgarle nada menos que tres o cuatro años de auge, vigencia y nombradí­a, a ponerla en los encabezados, primeras planas y sesudos estudios sobre los más alambicados tecnicismos de economí­a y finanzas nacionales y globales.

Mi amiga la vaca flaca, echada bajo la exigua sombra de una zarza, sin fuerzas para mugir, ve con espanto e impotencia que a la persistente cicaterí­a de negarle alimento y salud, ahora se añada el abominable agravio de asignarle el dudoso emblema de un perí­odo de paro y escasez que son ajenos a su naturaleza de madre trabajadora. Es decir, tras la sinrazón de matarla de hambre como parte esencial del sistema, sobreviene la burla de usarla a modo de alegorí­a de las aberrantes contradicciones de dicho sistema.

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Proliferación de gazapos. Al cabo de muchos años uno aprende y se resigna a vivir e incluso convivir con los gazapos que inopinada pero fatalmente encuentra cuando lee o relee sus efí­meros y desechables articulillos periodí­sticos. (Aquí­ no puse coma sino punto y seguido. Yo no incluí­ esta palabra extraña. Colocaron suerte en vez de muerte. Era módico y no médico.) Gazapo también significa crí­a de conejo, por lo abundantes e inesperados.

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Fumadores exhibicionistas. Miembros activos de la Asociación de Fumadores Exhibicionistas de Guatemala (AFUEXGUA), que pidieron el anonimato, aseguran ver con malos ojos esa odiosa ley antitabaco que les prohí­be mostrar en lugares públicos sus habilidades cinematográficas y teatrales como fumadores más o menos empedernidos, ya que la mayorí­a de ellos, si no todos, encuentran en exhibirse fumando el verdadero encanto de su pretendido vicio social.

Eso de sacar la cajetilla de cigarrillos, el encendedor, llevarse el pitillo a la boca y prenderle fuego, aspirar el humo hasta que llegue al último alveolo pulmonar, y luego expelerlo con elegante displicencia, es un acto realizado con estudiada y muy consciente mí­mica, aunque con aire distraí­do, para impresionar al embobado público, pues toda esa actuación es para los miembros de la AFUEXGUA un derecho de carácter inalienable e intrasferible (sic), según expresaron en medio de toses y escupitajos.