Cenicientas y patitos feos. La gloriosa Asociación de Cenicientas y Patitos Feos del Estado de Guatemala (ACEPAFESGUA, por sus siglas en español), como su nombre lo indica, es una entidad no necesariamente gubernamental ni mucho menos lucrativa, que acoge en su dilatado seno a diversas dependencias e instituciones estatales que se consideran marginadas y/o discriminadas, con escaso presupuesto y significación en la vida nacional aun cuando, según la tradición, cenicienta sólo hay una, y patito no puede haber más de uno, pues entonces se pierde el encanto del cuento, pero como en el país de la eterna todo es anómalo, estrafalario y con un brochazo de realismo mágico aquí, otro brochazo de surrealismo allá, entonces se pensó en la urgente creación de la mencionada ACEPAFESGUA, pero con la esperanza de que tanto el gobierno central como el no tan honorable, mediante un buen reciclaje del Estado, a la postre revisen y corrijan las causas de la proliferación de patitos feos y cenicientas en la administración pública. Eso es todo. (Con autorización de los colegas Charles Perrault y Hans Christian Andersen.)
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El surco del silencio. Sobre el labio superior de las personas, en el área donde en el hombre crece el bigote, existe un surco, una especie de cuneta y pequeño canal, con el que todos nacemos para poner ahí el dedo índice en señal de hacer silencio, y en ocasiones para unos segundos de reflexión. La falangeta encaja muy bien en dicho surco, como una manera de sembrar un poco de sensatez y moderación en el entorno de cada quien. En lugar de escarbarse la nariz o rascarse la nuca, vale la pena colocar el dedo en el surco del silencio, por un instante, cada vez que la verborrea salpica e inunda nuestro espacio vital.
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Autoinsuficiencia. Dentro de la todavía vigente onda de autoayuda y superación consecuente, digamos, he hecho yo enormes esfuerzos por amarme a mí mismo, de veras, Dios es testigo, pero, francamente, este temperamento, este carácter que tengo y me tienen, este modo mío, estos defectos de mi personalidad, estos arranques u ocurrencias, repentinas e incomprensibles, estas actitudes impredecibles, estos vaivenes entre la angustia y la depresión, estos arrebatos de entusiasmo y de embriaguez por nada… Cuánto ánimo por llegar a conocerme, comprenderme, tolerarme… Aunque a veces dejo pasar cosas, me consiento, hago como que no me doy cuenta o no me importa mucho lo que cometo o perpetro en contra mía. Entones ¿cómo autoayudarme, con qué medios, para así poder superarme hasta alcanzar la prometida meta común, esa que muchos disfrutan ya, con poco denuedo?
Parlacen. Cabalmente, al glorioso Parlacen habría que ponerle un cero (0) pero agregarle el sufijo «ote», que en este caso, no significa grande sino que designa una porción de cierta substancia con forma alargada que elimina el organismo animal después de hecha la digestión. Es decir, muchos ceros de esos.
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Dentro de unas decenas de años el que en la Vía Láctea fuera conocido como planeta Tierra, gracias a la acción humana, será llamado planeta Mierda.