Sí QUE TENEMOS LA CARA. Discúlpeseme la insistente insistencia: no es que los políticos nos quieran ver la cara de manera antojadiza y caprichosa, pues sucede que ciertamente tenemos la cara, sin lugar a dudas. Los políticos no necesitan esforzarse, desearlo o inventarlo, no es necesario, ya que efectivamente poseemos la cara en cuestión, desde hace mucho tiempo, toda la vida. Basta ir por la calle, entrar a lugares públicos, asistir a actos multitudinarios para darnos cuenta que tenemos la cara, de sobra, nos guste o no, lo sepamos o no. O sea que a los políticos les basta con solo mirárnosla, incluso con poco detenimiento, sin precisión o apuro alguno, para saber con absoluta certeza de que la cara la tenemos. Y así la tendremos por toda le eternidad, por los siglos de los siglos, para confianza, garantía y sumo agrado de los políticos.
A menos que ocurriera un milagro de tipo genético, el cual alterara de forma benigna y positiva la natural configuración y rasgos característicos de nuestra cara colectiva, lo cual sería un serio contratiempo para todo el quehacer político en el país de la eterna.
(Según los expertos, la cara que tenemos los guatemaltecos –terreno fértil para la política– ha ido tomando la forma, diseño y estructura que la hacen tan peculiar debido a factores remotos inmediatos como la conquista, la colonización, las dictaduras de todo tipo, la amnesia histórica, el sometimiento al imperialismo yanqui, las taras y vicios sociales, la alienación cultural, la horchata en lugar de sangre en las venas, etcétera…)
Los mismos expertos hacen la aclaración pertinente de que los políticos también tienen la cara, pero ellos lo saben y astutamente la explotan en su provecho, aunque suene contradictorio.
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IZQUIERDA. A todos aquellos que con insistencia morbo-patológica se preguntan que dónde está la izquierda, qué se hizo la izquierda, etc., conviene informarles que la izquierda se localiza precisamente en el lado opuesto de la derecha, en la parte donde late el corazón, uno de los órganos más nobles y sacrificados (enterrado vivo hasta la muerte), encargado de recoger la sangre y de impulsarla al resto del cuerpo, como quien dice nada. Pues esa es la izquierda que ha puesto perplejos a muchos extraviados que nunca faltan. Ahora bien, ignorar algo tan elemental y natural sólo indica un severo desequilibrio mental, aunque también es cierto que últimamente ha surgido por allí una no despreciable cantidad de ambidiestros, diestros en las desorientaciones locomotrices.