R E A L I D A R I O (DCVII)


Conspiración consumidora y usuaria. Consultados varios estudiosos y teóricos de la Francis Marrokyn University y del glorioso CACIF, discí­pulos todos de Adam Smith, Von Hayeck, Ludwin von Mises y don Meme Ayau, entre otros genios, dijeron estar en contra de una Procuradurí­a y más aún de una fiscalí­a del consumidor y usuario, y totalmente en oposición a la defensa y atención a ese mismo consumidor y usuario, ya que tales instancias, de obvia tendencia marxista-leninista-castrista (sic) son enemigas juradas del glorioso mercado, la libre empresa, la publicidad comercial, los emprendedores, los competitivos y los exitosos del paí­s de la eterna. Aunque los estudiosos y teóricos marrokyneros y caciferos reconocen con cierta reticencia la importancia relativa del consumidor y el usuario dentro de las sagradas leyes de la oferta y la demanda, los consideran un mal necesario, o más bien un ingrato, infiel, desleal y desagradecido sector de la economí­a capitalista, que reniega de la doctrina neoliberal, que sólo ve el derecho de su nariz (sic), y que ahora quiere apuñalar por la espalda al empresariado exitoso mediante la intervención directa del Estado en los sacrosantos medios de producción, todo ello sin duda alguna por órdenes directas pero inconfesables de los comandantes Fidel Castro y Hugo Chávez Frí­as (sic).

René Leiva

(Por cierto, aquí­ entre nos, y en el mismo desorden de ideas, el último petate que me obsequiara el Uaito Padilla Biatoro, made in Tejutla, no es de la calidad que aparenta, por lo que nunca me atreví­a a caer en él, sobre dicho petate, con la confianza y seguridad que el caso ameritarí­a a la hora de la hora. Como usuario y hasta cierto punto consumidor de petates postreros aunque defectuoso, ¿ante qué instancia legal quejarme?)

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La Supercomisión de Almuerzos. Diputados comelones (valga la redundancia) que pidieron el anonimato, expresaron su inquietud por la urgente e impostergable creación de la Supercomisión de Almuerzos y Refacciones, pues resulta ya insoportable eso de almorzar cualquier porquerí­a (sic) que a la Junta Directiva se le ocurra recetarles. Se proyecta una moción privilegiada para la perentoria instalación de un restaurante parlamentario de cinco estrellas, o más con el concurso de reconocidos «chef» nacionales e internacionales, el cual funcionarí­a en un elegante anexo al palacio legislativo. Pisto para el eficaz funcionamiento de la Supercomisión de Almuerzos y Refacciones y para el restaurante propiamente dicho hay de sobra, añadieron los diputados hartones (valga la redundancia), y así­ el pueblo soberano tendra la suficiente confianza de que sus legisladores trabajarán en la elaboración de nutritivas, suculentas y bien condimentadas leyes generales y abstractas. (La sede de la apetecida Supercomisión alimentaria estará en la cocina, obviamente).

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Personajes muy especiales. Personas «muy especiales» se les denomina a quienes tienen algún impedimento o privación corporal, limitación fí­sica o mental, sea innata o adquirida, que sin embargo no deben impedirles adaptarse a la sociedad. En el caso de los entreguistas y vendepatrias profesionales, que venden sus servicios técnicos a empresas extranjeras expoliadoras como, por ejemplo, la compañí­a minera canadiense Montana Exploradora que opera a cielo abierto e infierno encubierto en San Miguel Ixtahuacán y Sipacapa, San Marcos, dichos personajes también son «muy especiales», pero por sus obvios impedimentos morales, éticos, de amor a la patria y de sensibilidad social, entre otras menudencias; lo que no les impide ser exitosos en el mercado del ecoterrorismo, sino todo lo contrario. El capital no tiene patria; ciertas conciencias tampoco.