R E A L I D A R I O (DCV)


Los archivos de la muerte. En los registros del Ejército se encontrará la verdad a medias, ciertos hallazgos, algunas luces nocturnas, claroscuros, humo mezclado con neblina, sangre desecada o congelada, huesos humanos etiquetados, órdenes en la clave del polvo, amarillentos instructivos de la gloriosa Escuela de las Américas, la calavera de Tecún, la memoria histórica en capí­tulos dislocados… No se exhumará todo cuanto fue: ya los interesados en minucioso vandalismo habrán hecho su respectiva antologí­a del horror para consumo de su propia contumacia. ¿Y los archivos de los privatizados escuadrones de la muerte?

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René Leiva

Preguntas (balas) perdidas. ¿Es posible que una bala perdida que emprendió su extraviado camino desde una zona roja llegue hasta una apacible colonia de clase media y allí­ precisamente se incruste en el cuerpo de un honrado y pací­fico ciudadano hiriéndolo de muerte? ¿Cuánta distancia puede recorrer una bala perdida si no encuentra ningún obstáculo en su azaroso camino? ¿Las balas perdidas van en una sola dirección, o sea con un trayecto recto y sin desví­os, o bien pueden cruzar, cambiar de trayectoria, subir, bajar, aminorar o acelerar su marcha? ¿Puede una determinada bala perderse de forma involuntaria, contra su voluntad, o lo hace por un afán de aventura, por la emoción del riesgo, porque el hecho de ir (o volar) sin un destino determinado, a deshoras y en lugares desconocidos, acelera la secreción de adrenalina, esa hormona a la que son adictas las balas perdidas? A la hora de avistar una bala que se presume perdida, ¿a qué autoridad competente dar parte y, lo más importante, qué actitud preventiva/defensiva debe adoptarse para evitar que dicha bala encuentre en uno -o en cualquiera- su destino final? ¿Existe un detector electrónico que tenga registradas todas las balas que andan perdidas en al menos lo que va del presente año 2008?

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Drácula y los bancos de sangre. Entrevistado en su ruinoso pero todaví­a imponente castillo de Transilvania, el conde Drácula negó de forma categórica, rotunda y concluyente que él haya sido, sea o vaya a ser director de algún banco de sangre en el paí­s de la eterna, según se ha especulado en los últimos dí­as de manera irresponsable y tendenciosa, toda vez -asegura- que hasta sus oí­dos lobunos ha llegado la especie de que los guatemalteco tienen horchata en las venas, y él detesta dicho refresco, por razones obvias. En tal virtud, el conde Drácula considera que aceptar una oferta en la sentido -estar al cuidado de un banco de sangre en el paí­s de las masacres y la tierra arrasada, los asesinatos de mujeres y las grandes inmolaciones viales- sólo vendrí­a a restarle prestigio como el más famoso vampiro del mundo, aparte del hecho de que su jugo lo prefiere fresco, recién exprimido por él mismo, y nunca envasado (sic).

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Pulgar hacia abajo. En mi buzón electrónico de madera sin cepillar he recibido treinta y cuatro mil setecientos diecinueve (34,719) aclaraciones respecto a que Nerón, para sentenciar a muerte a un gladiador, allá en el coliseo romano, no levantaba el dedo pulgar, sino más bien lo bajaba, señalando la tierra o hacia el cuerpo derribado que esperaba la herida postrera. Y casi en el mismo desorden de ideas, es preferible Pilato, sin ese, tal como lo escribiera yo en mi original, latinajos aparte.

Si el periodismo es parte de la civilización y la cultura, ¿cómo definir o restringir el concepto de periodismo cultural?