R E A L I D A R I O (DCLX)


CAMINOS AMIGOS. Atrás van quedando los caminos hollados por la planta humana, huella demasiado humilde, a la medida de su horizonte primigenio. Surcos, más bien, en donde germinaban pequeñas esperanzas, a trechos cubiertos de malezas y por el paso gemelo de conejos y culebras. Caminos labrados por la costumbre descalza, en zancadas furtivas y paralelas al discurrir de nubes anónimas. Caminos sin más mapas ni proyectos que el fresco sudor del presente que fue ayer y será mañana. Caminos amigos, ya sin anclas de nostalgia. Caminos de andadura, lejanos y ajenos al empujón arrogante del progreso y su carga de muerte.

René Leiva

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EL CHOMPIPE DE LA FIESTA. Los más serios y mejor informados analistas consultados, no se atreven a vaticinar quién podrí­a ser el chompipe de la fiesta durante las celebraciones de fin de año en el paí­s de la eterna, ello al margen que dicha ave de exquisita y nutritiva carne es la base del kac ik, puede hacerse relleno y horneado, y encaja en los tamales negros y colorados, nada menos. Inexplicablemente, a casi nadie le gusta ser el chompipe de la fiesta, no obstante que los candidatos naturales abundan dentro de todo el aparato estatal e incluso empresarial. En cualquier caso, el chompipe de la fiesta no puede ser un Perico de los Palotes o un advenedizo, sino alguien con el don, el talento, las credenciales, y sobre todo una intachable trayectoria reciente que lo hagan de reconocida honorabilidad, para así­ justificar su designación dentro de la solemnidad festiva de estos dí­as conocidos como los más lindos del año.

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GRATITUD PAJARIL. Mi amigo el zanate, en su calidad de lí­der natural y a nombre de varios cientos de pájaros que aún alientan en el ámbito citadino, por este medio, desea expresar su reconocimiento a todas las personas a quienes se debe la sana, humanitaria, preventiva y ecológica prohibición de comercializar y , sobre todo, quemar y explotar los aborrecibles y detestables canchinflines, impedimento que deberí­a abarcar a las abominables ametralladoras, morteros y bombas voladoras, según mi amigo el zanate, artefactos en mala hora concebidos por la perversa mente humana.

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LA EXISTENCIA DE SANTA. Resulta en extremo sospechoso que calificados intelectuales del paí­s de la eterna estén insistiendo por diversos medios, precisamente en estos dí­as decembrinos, en que Santa Claus no existe. No sólo niega categóricamente la existencia real de Santa, o sea en carne, mucha carne, y hueso, sino que dan por supuesto que los demás aceptan semejante postulado antagónico a la tradición y sobre todo al glorioso mercado. Ahora bien, ¿qué hay detrás de tales aseveraciones? ¿Por qué insistir en eso cuando mucha gente espera recibir algo del cielo? ¿Cuáles son los intereses subyacentes que impelen a retomar y actualizar un asunto de suyo tan polémico y escabroso? ¿Existe una conjura erudita y académica contra Santa Claus, y de ser así­, qué ganancias ideológicas, filosóficas e incluso teológicas aportarí­a todo ello a nuestros calificados intelectuales? ¿Ante qué instancia idónea, calificada e imparcial acudir para dilucidar, de una vez por todas, el ser, estar y esencia de Santa?