TAMBIÉN QUITARON PECES AL AGUA. En la estrategia contrainsurgente-anticomunista y de alineación con la hegemonía yanqui, del genocidio y lucha social contra las masas, se quitó el agua al pez, forma eufemística (metáfora cruel) de llamar al exterminio del “medio” humano.
En el plano político-ideológico, de dirigencia y liderazgo dignos y consecuentes, ejercidos incluso en el marco legal, a la vez, quitaron peces al agua, una serie planificada en listas negras de asesinatos ostensibles y de desapariciones forzadas selectivas y discriminadas.
Eliminados los peces originarios, pensantes, que podían sanear y aclarar el agua, el “medio” quedó infestado de pirañas y uno que otro tiburón.
Allá quitaron el agua al pez; aquí y en otras partes le quitaron los peces al agua. Quedó allanado con sangre el camino a ninguna parte. La Guatemala del siglo XXI, de las nuevas generaciones, del tercer milenio… Agua huérfana.
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DEUDORES DE LOS ESBIRROS. Pedro Pimentel Ríos, entonces subinstructor de la (gloriosa) Escuela Kaibil, “les hizo una demostración de cómo asesinar a una persona, matando a una mujer de la comunidad” golpeándola con un mazo en la cabeza, entre otras víctimas suyas arrojadas a un pozo (masacre del parcelamiento Las Dos Erres, en que fueron ejecutadas 201 personas), según testimonio de dos subordinados del entonces valiente y pundonoroso militar.
Los detalles de la masacre no pueden ser más sórdidos, estremecedores, abominables. Solo comparables con los rituales sangrientos del narcotráfico y los mareros de hoy, y la carnicería perpetrada por los castellanos durante la invasión alvaradiana.
La supuesta pérdida idiota de fusiles que nunca encontraron en el parcelamiento (incluida la carabina de Ambrosio) fue el pretexto oportuno para que la patrulla de fuerzas elite del glorioso Ejército, compuesta por 60 “efectivos”, demostrara su patriotismo nunca desmentido, su evidente amor a Guatemala, su irrestricto respeto por niños y mujeres campesinos.
Una pequeña “armonía” queda en el enrarecido ambiente: Los todavía en pie de guerra contrainsurgentes y anticomunistas honorables, civiles, de cuello blanco y conciencia limpia, deudores de los esbirros, ¿dirían, en su descargo ideológico, que tal vez, quizás, posiblemente, aquella de Las Dos Erres, entre muchas otras, no fue la mejor manera de…?
“Ay de los que teniendo ojos no quieren oír, y teniendo oídos no quieren ver.” (Cólico de Osmio)