EN EL AIRE / FUERA DEL AIRE. Imposible llevar la cuenta, si fuera el caso, de las veces que Radio Faro Cultural regresa o vuelve a estar en el aire durante el año, todos los años. Pero sí, el número de regresos, vueltas o retornos: por extraña coincidencia, es más o menos igual al de salidas, mutis, cortes, retiradas, desapariciones súbitas.
De tal cuenta, por un lado, uno vive preguntándose cuándo, en qué momento, Radio Faro saldrá del aire; y por otra parte, parecida, preguntándose cuándo, en qué momento volverá a ese mismo o similar aire.
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PERAS AL OLMO. A su manera, o sea por medio de ciertas señales cifradas que solo los iniciados y los observadores botánicos podemos desentrañar, interpretar y glosar para el limitado entendimiento humano, mi amigo el olmo desea comunicar al público consumidor lo inútil, estéril, impráctico, desatinado, absurdo, disparatado, iluso, grotesco, patético incluso, que es o que a la postre resulta eso de pedirle peras a él precisamente.
En la historia de la botánica, del reino vegetal en general y de mi amigo el olmo en particular, no existe ningún registro o documento en el sentido de que un olmo, ni uno solo, haya dado alguna vez ninguna pera, ni una sola.
La gente no termina de entender que el ADN, genoma, genotipo y fenotipo del olmo son diferentes a los de mí también amigo el peral. Algunos expertos llegan incluso al extremo de asegurar que es más razonable, por factible, pedirle elotes al ciprés, opinión que yo no comparto por anticientífica.
A Dios no le gusta ni le interesa interceder en esta clase de milagros baratos (que un olmo dé peras, por ejemplo), y por su parte la madre naturaleza ha elaborado leyes grabadas literalmente en piedra que ella misma no puede ni debe quebrantar para satisfacer caprichos humanos; ese rito colectivo con el signo de la desesperanza.
No es fastidio ni enojo lo que siente mi amigo el olmo desde sus mismas raíces, sino pena de ver y oír a tanta gente, a buena parte del pueblo que durante generaciones le viene pidiendo peras, sin intermediarios vociferantes, sin prenderle cirios y veladoras.
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LO MEJOR. Lo mejor del día es la noche, lo mejor de la noche es la tregua del reposo, lo mejor del reposo es dormir, lo mejor de dormir es no soñar, lo mejor de no soñar es volver a despertar, lo mejor de volver a despertar es la espera de la oscuridad. (Cúbito de Bismuto, filósofo escéptico, siglo III a.C.)