Quienes así­ gobiernan, van a hundir aún más al paí­s


En los últimos 54 años, los gobiernos que ha tenido el paí­s se han caracterizado porque los intereses que sirven, representan, defienden y tutelan, las fuerzas que los apoyan, y el vicio de origen que les hizo posible y facilitó detentar el poder polí­tico, les ha permitido enriquecerse a manos llenas y hacer de la corrupción y la impunidad la forma más desvergonzada y perversa de administrar la cosa pública.

Ricardo Rosales Román

Ni la alternabilidad gubernamental institucionalizada a la fuerza, ni los golpes militares de Estado han podido resolver los acumulados y cada vez más graves problemas que afectan a la población guatemalteca. Y ello se explica por qué esos gobernantes se impusieron por la fuerza: Primero, apoyándose en la represión anticomunista y la violencia organizada; después, en el terror contrainsurgente como polí­tica de Estado; y, a partir de la llamada apertura polí­tica, gerencializando la administración, abrir el paí­s al neoliberalismo, la privatización de los servicios y empresas a cargo del Estado, y asegurar la alternabilidad en interés del poder económico, corporativo y empresarial, las grandes multinacionales, y la polí­tica de seguridad nacional de los gobernantes de Estados Unidos.

Podrí­a pensarse que los que dicen que actualmente gobiernan al paí­s, nada tienen que ver con los problemas, perversiones administrativas, impunidad y crisis heredada por los gobiernos del pasado. Sin embargo, no es así­.

Y es que se supone que quien está al frente del gobierno, sus colaboradores, y la organización que parecieran dirigir, tuvieron más de ocho años para prepararse y organizarse para gobernar, y elaborar e implementar un programa de soluciones posibles y necesarias. Pero, por lo visto, tampoco tuvieron la mí­nima previsión para visualizar el cuadro de la situación nacional y el entorno internacional en que podrí­an eventualmente estar al frente de la administración pública.

Además, se equivocaron y trataron de engañar cuando después de conocerse los resultados de la segunda vuelta, declararon que la fuerza a gobernar era una fuerza socialdemócrata.

A 120 dí­as de que la Unidad Nacional de la Esperanza (UNE) está «al frente del gobierno» (lo entrecomillo porque hay muchos elementos para asegurar que las cosas no son así­), está claro que la administración actual y la fuerza en que «se apoya» no es, estrictamente hablando, un gobierno y una organización socialdemócrata. Los muchos frentes que se han abierto y las contradicciones que han generado no son a causa de su autodefinición ideológica. Son otros factores los que cuentan.

Entre ellos, las muy limitadas posibilidades y escaso margen de maniobra para manejar la crisis de gobernabilidad en que se está. Y, si algo pone de manifiesto la poca o ninguna habilidad para lidiar con la incontrolada carestí­a de la vida, son las medidas anunciadas el domingo. En lo económico y social son parches improvisados cuya aceptación o rechazo se deja en manos del empresariado cuya respuesta no es difí­cil de prever en tanto que en nada les afecta y, por el contrario, les garantiza mayores utilidades y ganancias.

En lo internacional son evidentes las pocas o ningunas luces de las que hace gala la diplomacia local. No es difí­cil advertir que durante la visita del gobernante guatemalteco a Washington, el señor George W. Bush logró que su huésped aceptara guardar no una distancia prudencial con los tres gobernantes revolucionarios de izquierda de América del Sur, sino a la manera del gobernante Antonio Saca: abierta y provocadoramente; que secunde el Plan Mérida de seguridad fronteriza; se adhiera bajo la mesa al Plan Colombia, y permitiera que el miércoles pasado llegara a Puerto Quetzal el portaviones estadounidense USS Boxer, permanezca por dos semanas en aguas territoriales y, según se ha informado oficialmente, pueda prestar «asistencia humanitaria» a la población de la Costa Sur.

No se necesita ser mal pensado pero ello más parece parte de los planes del Pentágono para América Latina y el Caribe de restablecer la Cuarta Flota dizque para combatir el terrorismo y el narcotráfico y, aunque no se reconozca públicamente, hostigar y agredir militarmente a Venezuela, desestabilizar y provocar a Bolivia y Ecuador, e invadir a Cuba Socialista.

Luchar contra la polí­tica guerrerista de la Casa Blanca en América Latina es una tarea de todos los pueblos y paí­ses del Continente y, en el caso de nuestro paí­s, somos los guatemaltecos a quienes corresponde denunciar y oponernos al abusivo y burdo intervencionismo estadounidense en nuestros asuntos internos, y a la obediencia y sumisión de un gobierno como el actual.

Teniendo en cuenta que el paí­s está en Estado de Prevención, el alzamiento y revuelta local en Fraijanes del domingo y lunes, es la continuación de la cada vez más generalizada protesta social y popular ante la gravedad de la situación económica y social.

El camino a seguir para sacar adelante a Guatemala pasa necesariamente por la organización y unidad de la alternativa nacional, social y popular para la emancipación de nuestro paí­s y nuestro pueblo.