Ahora que aumentan los accidentes viales como resultado de la irresponsabilidad de quienes consumen licor y manejan vehículos, vale la pena pensar en la necesidad de estructurar un nuevo modelo de legislación en la materia para establecer sanciones más severas como las que han dado tan buenos resultados en otros países. La principal sanción y más efectiva para generar actitudes menos irresponsables ha sido la de retirar la licencia de conducir a quien incurre en determinadas faltas, especialmente para quienes conducen bajo efectos de bebidas embriagantes o estupefacientes.
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Cuando uno ve que hay conductores tan irresponsables que a toda velocidad se pasan semáforos en rojo poniendo en real peligro de muerte a quienes van tranquilamente observando y respetando el derecho de los demás, piensa en la imperiosa necesidad de que también en materia vial hagamos un esfuerzo por terminar con la impunidad porque han sido muchos los casos de personas que mueren por la imprudencia de idiotas que no entienden la responsabilidad de conducir un automotor.
Desafortunadamente en el tránsito está ocurriendo lo mismo que pasa en muchos pueblos del interior donde la gente se toma la justicia por propia mano y vemos que es ya preocupante la cantidad de automovilistas que tratan de arreglar los problemas a balazos, sembrando más anarquía e inseguridad en una sociedad que ha llegado ya a condiciones patéticas. A pesar de la existencia de recursos modernos como las cámaras que la Municipalidad de Guatemala ha instalado en muchos cruceros, los irresponsables se terminan saliendo con la suya porque, en el peor de los casos, pueden hacerse acreedores a una multa que, una vez pagada, no les representa ningún problema para el futuro.
Por ello es que, cabalmente para darle buen uso a esos artefactos modernos, hace falta que se proponga una reforma de fondo a la legislación de tránsito, a manera de que los delitos contra la seguridad vial sean efectivamente castigados de manera draconiana. Y, por supuesto, en éste como en todos los casos relacionados con la aplicación de la ley, lo que más interesa es que la misma se cumpla, que se sancione efectivamente a los delincuentes porque aunque las leyes sean severas, sin no hay capacidad de aplicarlas de nada sirve.
Según reportes de la Policía Municipal de Tránsito, que tiene esas cámaras en distintos lugares, diariamente se producen varios altercados entre automovilistas y muchos de ellos son protagonizados por gente armada. No pocos han muerto como resultado de discusiones derivadas de abusos y tropelías cometidas en el tránsito, pero la única forma de ponerle coto a esa situación que aumenta los peligros ya grandes de salir a la calle en nuestra Guatemala, es que la autoridad haga valer realmente la ley porque de lo contrario seguiremos viendo que se incrementa el número de incidentes graves entre pilotos.
No puede negarse que cuando uno ve a un energúmeno de esos que se pasan un semáforo en rojo poniendo en peligro a familias enteras, dan ganas de darle por lo menos una sopapeada de todos los diablos, especialmente cuando se ve que se salen con la suya porque generalmente los policías de Tránsito no se ocupan de sancionar ese tipo de abusos.
El exceso de velocidad y el uso de sustancias embriagantes debe ameritar sanciones muy severas que le retiren la licencia de conducir a quienes por esas estupideces comprometen la vida de los demás.