La democracia en todos los países, especialmente en los desarrollados, implica gastos o costos en su existencia. El sistema político democrático de Estados Unidos, México y Canadá prevé traslado de elevados recursos públicos, tanto a los partidos políticos como a los candidatos a puestos de elección popular.
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La justificación para ese traslado de recursos provenientes de los impuestos es garantizar y evitar que quien más recursos privados tiene, logre de forma velada y oculta impulsar a quienes van a convertirse en los representantes del pueblo.
La actual Ley Electoral y de Partidos Políticos establece retroactivamente un reembolso de dinero por voto para todas las organizaciones políticas que logren elegir como mínimo a un diputado. El financiamiento oficial no debe calificarse como malo porque si no existe un reembolso o financiamiento político, los partidos -en mayor o en menor grado- dependen de contribuciones privadas y ello propicia la influencia de poderes ocultos, con financiamientos ilegales, inmorales o ambos.
Si retrocedemos a las anteriores elecciones y gobiernos, constatamos que uno de los argumentos de crítica ha sido que «x» o «z» persona ha financiado a un candidato o a un partido, que a cambio de ello, una vez logrado el triunfo electoral, empieza a requerir la devolución de su aportación a través del nombramiento de ministros y otros cargos públicos, privilegios, exoneraciones de impuestos para quien facilitó y financió el triunfo electoral.
Invertimos Q409 millones de forma extraordinaria, a través del Tribunal Supremo Electoral, para realizar el acto electoral. ¿Cuánto deberíamos invertir previamente para que el proceso de campaña política fuera transparente y no manipulado económicamente? Difícil respuesta, pero el que «quiere celeste que le cueste». Un minuto de televisión, una página en los medios de comunicación, las cuñas en las estaciones de radio, las vallas a todo color, los afiches en los postes, todo cuesta dinero y por supuesto el partido político o el candidato que tiene «más saliva traga más pinol».
En todos los países del mundo existen personas que se quieren dar el gusto de ver aparecer su nombre y su fotografía como candidato a la Presidencia, Vicepresidencia, diputado o alcalde, aún cuando sepan que sus probabilidades de quedar electos son muy bajas, pero invierten parte de su fortuna para darse el gusto de que sus amigos, familiares, conocidos y desconocidos, sepan que es candidato, por no decir «candidote». Son los que pagan la música para que otros realmente tengan posibilidades de llegar, no es de extrañar que también los dueños de las radios, TV. o cable y de otros medios sean buscados como candidatos, independientemente de su capacidad individual y por consiguiente no es de extrañar que alguien sin la adecuada preparación llegue a un puesto en el Congreso o al Parlacen.
Estos temas deben de abordarse urgente y obligadamente en una futura constituyente, de lo contrario el dinero proveniente de las cúpulas continuará logrando el beneficio de esas élites en detrimento de la mayoría y del Estado de Derecho.