Hace muchos años, cuando empezaba a trabajar en la Municipalidad de Guatemala con Manuel Colom Argueta, escuché por vez primera la expresión de que quien mucho se agacha, enseña el trasero, por supuesto que dicha en palabras más vernáculas. Y esta mañana leyendo a Paul Krugman, el Premio Nobel de Economía en su columna del New York Times, pensé en cuán exacta sigue siendo esa frase, porque el acuerdo final entre los republicanos y el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, terminó siendo para el gobernante demócrata un triunfo tan pírrico que, realmente, demuestra que se agachó demasiado.
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La diferencia toral entre demócratas y republicanos a la hora de suscribir este acuerdo estaba en el tema de los impuestos. Ambos coincidían en la necesidad de balancear el presupuesto porque es insostenible lo que vienen haciendo desde que George Bush hijo llegó a la Presidencia. Encontró al fisco con superávit y lo dejó con un déficit que se está volviendo inmanejable.
Claro está que en cualquier esfuerzo por reducir el déficit las opciones se limitan a gastar menos e incrementar los ingresos fiscales. Ambos partidos coincidieron en que había que hacer alguna reducción del gasto público, aunque se discrepó en el monto de las reducciones y especialmente en los programas que se verían afectados. Pero lo irreconciliable era, sin duda alguna, el tema de los impuestos porque Obama pretendía que los más ricos de Estados Unidos asumieran el pago de impuestos, mientras que los republicanos, y especialmente los miembros del grupo más radical del Tea Party, repudian hablar siquiera de ese tema porque no quieren que se cambie el régimen de beneficios fiscales que Bush les dio a los ricos en Estados Unidos.
La postura de Obama parecía la más sensata: reducir el gasto en varios miles de millones y obligar a los petroleros y a los banqueros que se enriquecieron con la crisis, junto a otros millonarios, a pagar más impuestos. Una sana combinación de las dos medidas que pueden aliviar el déficit, bajando gastos y subiendo ingresos sin afectar a la gente de clase media y a los de menores ingresos.
Pero la tenaz oposición de los republicanos y especialmente los fanáticos antiestado del Tea Party, que recuerdan a algunos fanáticos antiestado que conocemos muy bien en nuestros lares, impidió cualquier arreglo y al final de cuentas, con tal de llegar a un acuerdo, Obama cedió en una negociación en la que se terminó agachando más de la cuenta.
Y Krugman sostiene que el acuerdo será más nocivo que haberse quedado sin alcanzarlo, porque reducir los gastos en la forma en que lo exigieron los republicanos para suscribirlo tendrá efectos muy graves en cuanto a agudizar la recesión que él vaticina seguirá afectando a Estados Unidos por lo menos hasta el año 2013. Krugman critica que Obama haya sido tan complaciente en estas condiciones, pero dice que hay una especie de tendencia que ha mostrado el Presidente cada vez que tiene que negociar sobre impuestos con los republicanos y siempre termina dando el piojo.
En Estados Unidos es pasmoso ver cómo la gente no se da cuenta que el causante del descalabro económico fue Bush con sus tonterías, y se culpa a Obama del déficit y de la crisis que actualmente se está viviendo en el plano económico. Lo que dije hace poco de Murdoch y su funesta influencia se ratifica y, por supuesto, entre los criterios peregrinos de la cadena FOX, que tanto le gustan a algunos que tienen la mente enlatada, y los razonamientos de Krugman, hay notable diferencia.