¿Quién manda aquí­?


Creemos que el ejercicio del poder demanda la articulación de consensos y en ese sentido el concepto de autoridad no lo equiparamos con el de autoritarismo ni el de quien simplemente desea hacer su santa voluntad por considerar que una elección es un cheque en blanco. Pero indudablemente que debe existir un orden natural para preservar la armoní­a social y lo que estamos viendo ahora en el Ministerio de Educación enví­a señales de alerta sobre la capacidad de las autoridades de ese despacho para dirigirlo frente a las renovadas alas que ha cobrado la dirigencia sindical del magisterio.


Si la polí­tica tiene tanta relación con las percepciones que al final de cuentas terminan siendo determinantes respecto al juicio que la población se forma de sus dirigentes, la que hay ahora sobre el tapete con la situación del nombramiento de Alfredo Tay Coyoy como viceministro y la posterior zafada de varita es un muy mal precedente. Demuestra no sólo el mal juicio que tuvo la licenciada Ana de Molina al nombrar a Tay Coyoy, pasando por alto su mala relación con los docentes, sino el enorme poder que tiene Joviel Acevedo. Tanto como para hacer recular al Gobierno en el nombramiento de un viceministro simplemente con la amenaza de convocar a una Asamblea para decretar un paro de labores.

Nunca estaremos en contra del diálogo como instrumento de gobierno porque creemos que el mismo es indispensable para garantizar la gobernabilidad, pero jamás entenderemos como diálogo la imposición unilateral de criterios. Es natural que en los primeros dí­as de todo gobierno se produzcan pulsos para medirse mutuamente entre las autoridades y los grupos de presión, pero una cosa es un pulso respetuoso y comedido y otra el desplante que desnuda de entrada enormes debilidades y un equivocado concepto de lo que significa la negociación en el ejercicio del poder.

Joviel Acevedo cometió un grave error al abusar de la posición que evidentemente se habí­a ganado frente a Colom, al punto de que se comentó que tení­a la facultad de decidir sobre los Viceministros. Hubiera sido mucho más inteligente de su parte utilizar otros medios menos públicos para cuestionar el nombramiento de Tay Coyoy, en vez de arrinconar al Gobierno para dejarlo en tan incómoda posición. El mismo Colom ayer tuvo muestras de cansancio hacia los desplantes de Acevedo y la relación entre ambos puede terminar siendo muy agria. Y es que de entrada Acevedo causó un daño muy serio a la percepción que la ciudadaní­a pueda tener de Colom y su forma de tomar decisiones y lesionó acaso de manera irreparable la capacidad de la ministra Ana de Molina para conducir ese conflictivo despacho, situaciones ambas que no hace alguien que se dice amigo y que confirman la falta de madurez de la dirigencia del magisterio.