¿Quién dijo crisis?


El millonario chino, Chen Yilong, afirma que para él no existe la crisis económica.

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<p>Chen Yilong, una de las grandes fortunas chinas, cumplió hace poco su sueño de niño al convertirse en propietario de un avión privado, adquirido en plena crisis económica mundial que no parece preocupar a este adinerado empresario.</p>
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«Se puede decir que soy multimillonario», dice Chen, de 49 años, mientras enciende un cigarrillo en un salón de té de Xi»an, capital de Shaanxi (norte).

La revista Hurun, especializada en millonarios y su clasificación, estimaba en abril que cerca de 825 mil chinos, el 0,6% de la población, poseí­an una fortuna personal de más de 10 millones de yenes (más de un millón de dólares).

El 82% de ellos afirmaba que la desaceleración económica -que dejó sin empleo a 25 millones de trabajadores precarios en este paí­s- no habí­a tenido ningún impacto sobre su tren de vida.

Chen, a la cabeza de una sociedad inmobiliaria, saborea su té y confirma que para él no hay un «antes» y un «después» de la crisis.

Este cuadragenario se entusiasma por el Cirrus SR22 que ha hecho traer desde Estados Unidos -por 5 millones de yenes- para cumplir con un sueño de niño: volar. Su mala visión frustró su deseo de ser piloto.

«Este avión es el BMW del aire», asegura y describe el sofisticado paracaí­das con el que está dotado, que le salvarí­a la vida en caso de necesidad.

Incluso entre los millonarios chinos, hay pocos propietarios de aviones privados. Chen subraya que es uno de los primeros en esta parte de China en haber dado el salto.

Y eso sin contar todaví­a con su licencia de piloto. Para ello desembolsará 140.000 yenes en una recién inaugurada escuela privada de pilotos local, cuya jefe se encuentra sentado a su lado.

Chen no siempre ha disfrutado de esta tranquilidad financiera. Empezó su carrera como empresario con la prima de 50.000 yenes que recibió al ser desmovilizado por el ejército a finales de los 90.

El ejército le dio cierta experiencia. A finales de los 80, supervisaba una unidad de producción y de venta de oxí­geno. Era la época en las que los militares hací­an negocio en detrimento de sus labores militares.

«Luego, el gobierno dijo que ya no se podí­a hacer eso: el ejército se habí­a convertido en un caos, todo el mundo ganaba dinero, ya nadie se entrenaba», recuerda.

Al iniciar su carrera en el sector privado, se compró un camión de segunda mano y empleó a un chófer para iniciar una actividad de transporte, pero las carreteras son peligrosas y el negocio poco rentable.

Chen decidió entonces lanzarse en el sector inmobiliario, pidiendo créditos para una parte de los fondos necesarios.

Su empresa, Weinan Changlong Real Estate Development Company, emplea hoy a más de 20 personas y tiene una facturación anual de varios millones de yenes.

Chen tiene varias casas, pero no revela el número exacto, así­ como una caravana -¡una extravagancia en China!- cuya compra llamó la atención de su esposa, copropietaria de la compañí­a inmobiliaria.

Chen recuerda entre risas la pregunta que le hizo entonces: «Y ahora, ¿qué vas a comprar? ¿Un avión?».