Los resultados electorales en Guatemala han mostrado una gran diferencia de percepción entre la Guatemala urbana de la capital y sus áreas de influencia y la Guatemala del interior que mezcla la ruralidad con la visión menos cosmopolita de las cabeceras municipales y departamentales en donde se respiran aires distintos a los de la Metrópoli. Pero si casi siempre el voto urbano es el decisivo, ahora por segunda vez no alcanza para poner Presidente y resulta evidente que ílvaro Colom, como Alfonso Portillo, llega al poder a pesar de los capitalinos y todo lo que ese voto representa, con la concentración de poder económico con su enorme e indiscutible influencia en los medios de comunicación.
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Se pueden encontrar muchas razones para explicar el resultado de ayer y no faltarán los que centren el análisis en los errores como el que cometió Pérez Molina al no asistir a foros y debates al final de la campaña o el efecto que tuvo al final de cuentas tanta campaña negra que alejó al votante urbano. Pero aun así, la diferencia indica que hubo una notable preeminencia del voto del interior sobre el voto capitalino y que el nuevo Presidente fue electo pese al rechazo que generó entre el que siempre se ha considerado como el voto «ilustrado», expresión que sirve para menospreciar al voto del interior porque por contraposición ello indicaría que es un voto ignorante.
Creo, entonces, que Colom encontrará de entrada férrea oposición en el área metropolitana y especialmente en los medios de comunicación que responden a los intereses del gran capital. La tolerancia que mostraron en estos cuatro años para juzgar los actos del gobierno desaparecerá de inmediato tras la toma de posesión y los actos del régimen estarán bajo reflectores. Si Colom logra imponer orden entre sus colaboradores y combate frontalmente la corrupción, lo que implica evitar todo vínculo con los más prominentes capos del crimen organizado que controlan contrabando y otros delitos, podrá salir avante, pero un tornillo que se robe alguien servirá para que hagan picadillo al funcionario y al gobernante. El grado de dificultad es tremendo porque todos los gobiernos tienen sus luces y sus sombras en eso de la corrupción y nuestro sistema la alienta de manera muy particular, pero si el Presidente Electo entiende de dónde y por qué le vendrá la andanada, puede estar mejor preparado para hacer un gobierno productivo.
Portillo, electo como él por los del interior del país, fue visto como advenedizo porque no era el candidato de los capitalinos. Pero él mismo dio municiones para que lo acabaran porque permitió que los círculos que le rodearon hicieran micos y pericos. En ese contexto quienes le despreciaban por el origen de su presidencia, tan pueblerino según ellos, tuvieron la mesa servida para liquidarlo políticamente. Esa es la luz que Colom tiene que encender para no perderse, sabiendo que sobre él también estarán atentos los mismos ojos.
La idea de un gobierno de unidad coincide con lo que yo decía la semana pasada sobre el tipo de líder que requiere el país, es decir, el que sea capaz de articular consensos e involucrar a la sociedad en la búsqueda de soluciones. Para ser ese líder, Colom tiene que mostrarse impoluto y no dar lugar a los ataques de quienes saben que sus privilegios peligran si más gente se suma al esfuerzo de construir la Nación.