¡Pero aclaro que no generalizo porque existen muchos maestros que están conscientes que nuestro actual modelo educativo se encuentra colapsado, porque no responde a las expectativas del desarrollo y progreso que necesita el país. Es imposible una adecuada formación de los guatemaltecos del mañana mediante un cuerpo de docentes que en los distintos niveles del proceso educativo no están totalmente capacitados para educar y formar a sus alumnos, limitándose a los conocimientos, a muchas tareas y la buena memoria!
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Sin duda que los estudiantes que han mantenido inútiles protestas callejeras, violando los derechos de todos los demás ciudadanos, están siendo manipulados por grupos interesados en que no quede firme la reforma educativa que ha llegado a ser urgente y necesaria, sin duda porque toca intereses personales dentro del sistema de la prestación de estos y otros servicios a la población.
Todo cambio conlleva derechos y obligaciones, y estas últimas son las que no se quieren asumir, aunque estén de por medio los sagrados intereses de un mejor futuro para nuestros niños y jóvenes, y para la nación en general. Todos los involucrados deben entender que a nivel de la Educación Media o Diversificada ya no podemos formar maestros, porque se trata de un nivel de complementación de la formación de los niños y jóvenes, pero que no llega al nivel profesional necesario para formar maestros, por eso es impostergable un diploma del nivel técnico universitario, que garantice la capacidad para maestros de la educación primaria y secundaria o media.
A los padres de familia, también los han involucrado argumentando el tema económico, con el fin de que apoyen el movimiento que se ha opuesto a la reforma educativa, con el argumento de que los gastos para los estudios en la carrera magisterial se incrementarán por el tiempo extra en que los aspirantes deberán obtener un crédito universitario como maestros, pero se olvidan decirles lo que va a significar para sus hijos o hijas una mayor formación profesional, en el sentido de su dignificación con un mejor salario y con la satisfacción individual de convertirse en verdaderos agentes de cambio para superar la ignorancia de las mayorías y ser promotores de una producción real de mano de obra calificada que pronto será beneficiada por la oportunidad de acceder a mejores empleos, mejor remunerados y a mayores opciones de trabajo, para no tener que seguir lamentando que se sigan perdiendo puestos de trabajo porque la gente no está preparada, de acuerdo a las exigencias del proceso económico de producción.
Los principales azuzadores de los movimientos contrarios al cambio para mejorar la educación son los que integran un llamado consejo de la educación, quienes llevan ya 18 años “procurando por mejorar o reformar la educación”, pero a la fecha no han logrado absolutamente nada, más que encabezar ahora a los que protestan por oponerse a una reforma planteada como una necesidad urgente de implementar. Sabido es que, entre las profesiones más nobles y edificantes para quienes las profesan, está la de ser maestro de niños y jóvenes, porque el maestro tiene la misión de la educación, la misión de formar e informar a sus alumnos a quienes deben inducir al entusiasmo por aprender, a ser creativos y autodidactas por medio de la observación, la curiosidad y la experimentación. Pero, en su misión de orientación, el maestro no debe permitir que cometan errores por inmadurez o desconocimiento, sino, por el contrario, despertar en ellos el interés por una mejor preparación personal y estimularlos para alcanzar grandes metas en su vida.
Da vergüenza, como dice el tema de hoy, que maestros, licenciados y algún doctor en educación, se hayan prestado para desorientar a un sector de los estudiantes normalistas, incitándolos a revelarse ante la reforma de una auténtica carrera para maestros, creando en ellos falsas expectativas, cuando saben que todo proceso para mejorar debe ser apoyado, pues fue estudiado y consensuado, por lo que al final, redundará en beneficios para ellos, sus familias y el país en general. En su afán han violado las leyes que nos rigen y cuando se les ha podido aplicar la ley, los han defendido diciendo que “son inocentadas”. Entonces, deberíamos admitir qué, los menores delincuentes que amenazan y asesinan a otras personas, ¿lo hacen sin impunidad, porque actúan con inocencia y candidez? ¿Será que los orientadores de los manifestantes también ignoran es penado el incumplimiento del ordenamiento jurídico legal? ¿Por qué no les dicen que todo lo que se haga para superar su nivel académico los beneficiará como profesionales, para incrementar sus ingresos salariales?
¿Qué vergüenza que grupos de normalistas aún persistan en las medidas de presión, en vez de volver a las aulas y reiniciar el proceso de enseñanza-aprendizaje que les corresponde, pues el asunto se ha convertido en una excusa para perder el tiempo y paralizar la educación de otros niños y jóvenes? ¿Cómo podríamos tener buenos maestros que eduquen adecuadamente si antes no estudiamos su vocación y se les profesionaliza mediante una formación universitaria?