Se dice que la soberanía radica en el pueblo, como que la voz del pueblo es la voz de Dios, entonces ¿por qué será que en Guatemala esos buenos principios democráticos no pasan de ser letra muerta, como que a la hora de ponerlos en práctica resultan igual a la carabina de Ambrosio? Hace algunos años, conversando con un hombre de edad mayor y de sabios consejos le hice esta pregunta: ¿qué haría usted para resolver pronto el problema de la Terminal de la zona 4 con todo y sus consecuencias de falta de higiene, seguridad y orden que representan para la ciudad? Su respuesta no pudo ser más tajante: ?¡quemarla! Cuando argumenté que esa solución era similar a la de Nerón y poco aconsejable insistió en decirme: ?mire, Paco, entienda que los chapines somos llevados por mal y que ni por las buenas ni por las malas, a corto y mediano plazo, vamos a poder cambiar nuestra idiosincrasia, de ahí que, si quiere prontitud para encontrar las mejores soluciones tendrá que ser drástico y terminante.
Sigo sin compartir el sabio consejo; sin embargo, cada vez que discuto o comento el qué vamos hacer los guatemaltecos con esa institución que merece tantos calificativos como los de congreso, parlamento, nido de pícaros, refugio de delincuentes, partida de haraganes, entre tantos más, nunca falta quien exprese su repulsa diciendo: ¡quemarlo con todo y sus diputados adentro!
Creo que si en algo son objeto de crítica nuestros constituyentes es que pecaron de poco precavidos y demasiado ilusos al permitir la reelección de los diputados para premiar, se decía entonces, a quienes por su trabajo honesto y capaz merecieran hacer carrera legislativa. El tiro nos salió por la culata. Es tan abrumadora la mayoría de incapaces, ineficaces, deshonestos y de los que siempre se pasan de listos, que haberlo permitido nos dejó en la triste situación de tener un congreso inútil para la democracia del país, sin un ápice de confianza y credibilidad y que por el pésimo sistema de elección que se ha venido empleando, todo seguirá igual al menos por cuatro años más. De ahí mi pregunta ¿qué vamos a hacer los electores?, ¿lo mismo de siempre, no ir a votar, anular la papeleta o dejarla en blanco, estas últimas acciones en demostración de nuestro más enfático rechazo? De mi parte pienso anular mi voto. No veo otra expresión válida para demostrar mi rechazo total al descaro, cinismo y abuso de poder de la gran mayoría de los actuales diputados. Está visto que una gran mayoría desea la reforma a la Ley Electoral para reducir el número de diputados y para que la elección sea directa, escogiendo a quien mejor les plazca, de igual manera a como se elige al presidente, pero está visto que los partidos políticos ni el Congreso mueven un dedo para hacerla realidad.