¿Qué se celebra en Navidad?


Desde hace algunos años he realizado algunas investigaciones sobre el nacimiento del Señor Jesucristo, el Hijo de Dios, quien encarnó, como obra del Espí­ritu Santo, en el vientre de Marí­a, la joven virgen prometida de José, quien dio a luz al Mesí­as en un establo, según cuenta la historia bí­blica.

Roberto Arias

Las investigaciones concluyen en que Jesús de Nazareth, el Hijo de Dios, no pudo haber nacido el 25 de diciembre, dadas una serie de circunstancias que harí­an punto menos que imposible que en esa fecha hubiera ocurrido el suceso.

Para que no sea de mi propio conocimiento lo que verteré hoy respecto al tema, cito de Juan Arias -Nada que ver conmigo- algo escueto de lo que él expone en sus escritos:

«La Navidad es una fiesta que hoy, de una forma u otra, alcanza no solo al mundo religioso cristiano, sino también a paí­ses de otras religiones y personas agnósticas o no creyentes. Es ya más que una celebración religiosa. Es un paradigma, una metáfora de un momento de mayor intimidad familiar, de arquetipos antiguos, de sueños de fraternidad perdida. Y sin embargo, sus orí­genes no son claros. La Iglesia de los primeros siglos estaba tan segura de ignorar la fecha del nacimiento de Jesús de Nazareth que algunos papas llegaron a castigar con pena de excomunión a los cristianos que aseguraban conocer tal fecha. Entonces, ¿El profeta judí­o no nació el 25 de diciembre? Ciertamente, no. No conocemos ni el dí­a ni el mes ni el año de su nacimiento. Ni el lugar, ya que lo más seguro es que nació en Nazareth y no en Belén como siempre se ha pensado. Baste recordar que a los judí­os se les nombra por el lugar de nacimiento o por el nombre del padre. A Jesús, ni los evangelistas lo llamaron nunca Jesús de Belén, siempre fue Jesús de Nazareth.

Sólo el año 379 fue introducida la festividad de Navidad el 25 de diciembre por San Gregorio Nacianceno, defensor de la divinidad de Cristo. Pero no fue una decisión pací­fica. En Antioquí­a hubo diez años de resistencia a aceptar tal fecha, y en Egipto la lucha contra la introducción del 25 de diciembre como fiesta de la Navidad duró hasta el año 431. Y hay una iglesia, la de los Armenos, que aún hoy sigue resistiéndose a celebrar el nacimiento de Cristo el 25 de diciembre, y siguen celebrándola el 6 de enero.

Al principio del cristianismo no se celebraba la Navidad. Era algo que no interesaba, la única gran festividad era la Pascua. Las fiestas referidas a los apóstoles estaban ligadas al dí­a de su muerte, de su martirio, no de su nacimiento. Una de las primeras fiestas que empezaron a celebrarse fuera de la pascua fue el bautismo de Jesús o Epifaní­a, que se celebraba, y aún hoy se celebra, el 6 de enero, considerando que la verdadera manifestación de la divinidad de Jesús llegó durante el bautismo que recibió de su primo Juan Bautista.» (sic) Fin de la cita de Juan Arias.

Desde hace tiempo he creí­do que la Navidad es una formidable falacia global, basada en varias apelaciones, que hace totalmente creí­ble la necesidad de regalar, estrenar, beber licor, comer, etcétera. Es una inercia espiritual que brinda el pretexto para estar contento, ser más hospitalario, dar y recibir un poco de caridad y afecto aunque en la realidad no exista algún contentamiento de corazón.

La Navidad, en su humana dimensión, es una gran reverencia al consumismo y no a la espiritualidad que deberí­a conllevar una celebración que nos recuerde la venida del Mesí­as a la Tierra para redimirnos del pecado. Medite…