«Profe, ¿es buena la minería?», se escucha en un anuncio radial… «Sí, es buena?», responde el profesor. Sin embargo, las comunidades de Villa Nueva y Ciudad Peronia, al igual que en algunos departamentos del país, no piensan lo mismo.
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Desde 1996 el gobierno de Guatemala entregó al Ejército Nacional varias fincas, entre estas, las ubicadas en Villa Nueva y Villalobos. El Ejército decidió que en el lugar se construyera un proyecto habitacional, para 700 especialistas en calidad de retiro, quienes a su vez, contrataron los servicios de la empresa Arenera El Carmen, para hacer la urbanización.
A decir del MEM y el MARN, la licencia se otorgó sin la existencia del estudio de impacto ambiental, como lo ordena la legislación vigente; y que la misma empresa extendió sus operaciones a otras áreas sin contar con las licencias correspondientes. El Estado demuestra, que a través de la explotación minera, busca un mero «crecimiento económico» sin pensar en el desarrollo social y sustentabilidad del ambiente, olvidando el mandato que la constitución le dicta, de ser el rector del bien común.
En el caso de la Arenera El Paraíso INDACO, en Ciudad Peronia, esta sí cuenta con estudio de impacto ambiental, pero no se reporta la existencia de la escuela el Calvario, a no más de 50 metros del terreno destinado a la explotación minera. La desventura de estas acciones, las sufren comunidades asentadas en lugar desde hace varias décadas atrás.
Sin embargo, las versiones de los ministerios implicados y la realidad, demuestran una gran contradicción: hay desproporción en el área de explotación y extracción, la destrucción del ambiente es tan evidente que puede observarse a distancia desde varios puntos de la ciudad capital, destrucción irreversible. La extracción, coloca en estado de alto riesgo a los habitantes de los alrededores, pues se exponen a derrumbes, deslaves e inundaciones, y sobre todo a la contaminación del aire como resultado de la saturación del mismo con partículas provenientes del polvo.
Las secuelas en vías respiratorias y el sistema inmunológico de la población, aparecerán en el mediano y largo plazo, tal y como sucedió con las poblaciones que sufrieron la contaminación con DDT en la época de las algodoneras, en la costa sur. Las comunidades, que valientemente han defendido su derecho a un ambiente sano, han denunciado los daños causados a sus viviendas, así como los riesgos ante la posible ampliación de las operaciones mineras, y demandan el cierre definitivo de las operaciones de las empresas areneras, con la cancelación de las licencias correspondientes; el resarcimiento a las comunidades por daños irreversibles al ambiente natural y la salud; deducción de responsabilidades a funcionarios correspondientes de anteriores gobiernos, así como a las empresas.
Las comunidades han avanzado en la solución de la problemática, buscando asesoría en diferentes instancias. De esa cuenta, en conferencia de prensa la semana pasada, el Procurador de los Derechos Humanos sancionó moral y éticamente al MARN y el MEM, y los declara responsables de la violación del derecho humano a un ambiente sano. Además, dicta varias recomendaciones a diferentes entidades del Estado para proteger la naturaleza que sobrevivió al acecho de las areneras y resarcir a la población.
Seguramente el Profe del anuncio, está muy mal informado y como en cualquier escuela del mundo al revés, engaña a sus alumnos contándoles de los supuestos beneficios que trae la minería. Sí, como no.