El título del presente artículo, denota el sentir de la población y en especial del gremio litigante que ve como una mala señal el hecho que la máxima autoridad del Organismo Judicial esté en una abierta y franca disputa de poder con objetivos marcadamente de índole política o partidista.
Para los allegados a los corrillos tribunalicios ya resulta hasta de mal gusto que los «honorables» magistrados denoten su intransigencia para no poder resolver el problema que los aqueja desde hace ya varios meses: LA HERENCIA DEL PODER.
¿Qué significa lo anterior? Pues… de forma simple, que hay dos grupos de políticos ejerciendo acciones judiciales en la Corte Suprema de Justicia; circunstancia que no sólo es denigrante para ellos mismos pues también lo es para el Organismo Judicial en sí.
¿Qué grandes y multimillonarios intereses se manejan en la Corte Suprema de Justicia, que esa lucha por el poder anual no llega a su fin? El hecho de ser magistrados debería tener a los integrantes de la Corte en una situación honorable de PROBIDAD, RESPETO, EJEMPLO, CORDURA, SENSATEZ y no lo contrario que están mostrando: EL COBRE del poder.
¡Qué lástima! que a estas alturas las personas integrantes de la Honorable Corte Suprema de Justicia, se están comportando como títeres de los intereses políticos de las organizaciones denominadas PARTIDOS POLíTICOS; vox pópuli se rumora que son cantidades navegables las que están en juego para asegurar fallos a corto y mediano plazo.
¿Se podrá seguir confiando en la impertérrita e incólume conducta personal y laboral de los «honorables» magistrados con estas muestras de falta de criterio y división política que están demostrando ante la población?; ¿o será que van a mantener el «apretacanuto» por el poder en forma indefinida?, ¿a quien daña ese tipo de conducta, y a quién favorece ese tipo de conducta?
¿Tan súper millonarios son los intereses económicos como para mantener esa situación por largo tiempo? También a ellos habría que ponerles un alto de forma legal, PERO? ¿QUIí‰N LO HACE? El Procurador General de la Nación quiso hacerlo pero sin fundamento jurídico, por lo cual su acción fue «nula ipso jure».
Pero, redondeando el asunto; «Â¿Qousque tandem, Catilina?»
La conducta de los magistrados también contribuye a la desestabilización de la sociedad, no es posible que con tanta violencia, criminalidad, delincuencia común, organizada y de los funcionarios de Estado, estos señores contribuyan con sus acciones a «echarle más leña al fuego» de la discordia y mantener ante la población una imagen de AVAROS íMPROBOS EN POS DE QUIí‰N SABE CUANTAS Y CUALES REGALíAS. ¿O debemos resignarnos y aceptar que: ¡Such is the life in the tropic!