¡Que les vaya bien!


La indemnización que se recetaron anoche los diputados no tiene nombre; o más bien, tiene muchos nombres y apellidos. Lo que pasa es que en Guatemala siempre somos muy ingenuos, pero lo único positivo de todo esto es que ese «decretazo» es válido para quienes se van del Congreso; adiós, muchas gracias, y que les vaya bien.

Mario Cordero
mcordero@lahora.com.gt

No es bueno ser conformista, pero hay que aceptar que este perí­odo legislativo ha sido uno de los peores del ejercicio democrático de los últimos 20 años. Especialmente porque en el balance de su trabajo, se denota que hubo siempre intereses comerciales y económicos detrás de cada una de sus decisiones.

Las leyes que han sido exigidas por la sociedad civil, han encontrado oí­dos sordos en los diputados; por ejemplo, las leyes de seguridad, la ley de adopciones, una ley más completa para penar la violencia contra la mujer, etc. Sólo la CICIG fue aprobada, gracias a la intensa presión nacional e internacional.

En contraste, se han aprobado leyes que claramente van a favor de intereses comerciales, por no decir intereses económicos de las empresas de los diputados. La ley de celulares, que buscaba crear un monopolio, y, a su vez, evadir el IVA a través de las promociones de doble, triple, cuádruple y, próximamente, quí­ntuple saldo; la ley de circos, auspiciada por una carpa de espectáculos mexicana; la ley del gas, entre otras.

En cambio, las leyes que afectan empresas o los «negocios» alternativos no tradicionales, han quedado engavetadas, para que no se enojen quienes manejan una extensa chequera para los diputados. La ley de adopciones, que impedirí­a obtener jugosas ganancias a través de la venta de niños, uno de nuestros mejores productos de exportación; actualmente están agendadas las iniciativas de la ley de ambientes libres de humo de cigarro y la ley de alcohol carburante, que afectarí­a a las tabacaleras y al sector energético, respectivamente.

Y, con la indemnización de ayer, queda demostrado que lo único que les interesa a algunos de los diputados es el pisto y no el bien común del paí­s.

Hace aproximadamente un año, mientras viajaba a El Salvador, leí­a los periódicos del dí­a que resaltaban que se habí­a aprobado la Ley de Armas y Municiones en ese paí­s. Sin embargo, muchos diputados estaban en contra de la ley por algunos puntos de la ley, pero la consigna era clara: es mejor tener una ley de beneficio del paí­s a no tenerla.

Entre los salvadoreños y los guatemaltecos hay diferencias abismales, y una de ellas es que, aunque sea poco a poco, prefieren cambios positivos a permanecer estancados. Por ejemplo, en ese caso, los salvadoreños eligieron tener una ley con algunos puntos discutibles para modificarla con el tiempo, a nunca tener nada. En cambio, en Guatemala nos sentamos a discutir largamente una ley (como la de adopciones) y enfrascarnos en diálogos inútiles que nos obligan al estancamiento.

Recuerdo ahora las palabras del poeta libanés Khalil Gibrán, quien decí­a que la verdadera libertad no consiste en elegir entre el bien y el mal, sino en escoger entre un bien y un bien mayor.

Y, básicamente, eso es lo que les faltó a estos congresistas, tener esa capacidad de discernimiento para aprobar leyes y dejarnos, al menos, un poquito mejor. En cambio, nos han dejado más pobres y con apenas pocas leyes positivas para crear una sociedad más justa y feliz.

Por eso digo: ¡qué bueno que le pagamos indemnización a esos 90 diputados! Que les sirva para que nos dejen tranquilos, o, como decí­a un anuncio de la recién concluida campaña electoral: «que se vayan a ver a dónde se van».

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