Cada vez que leo y escucho en los medios de comunicación acerca de todas las cosas malas que ocurren en nuestra sociedad me pregunto ¿Que le ha pasado a esa institución fundamental llamada familia que sirve como base de nuestra sociedad?
Ahora ya casi no escucho de familias unidas en las que lo que predomina es el amor y los valores éticos y morales. Ahora ya casi solo escucho de familias en las que los gritos y golpes son el pan de cada día. Ahora casi solo escucho de esposos(as) infieles que prefieren gastarse el tiempo y lo que ganan en la «buena» vida y con los «amigos.» Ahora casi solo escucho de padres irresponsables que abandonan a sus hijos desde que éstos son muy pequeños.
Y ante todo esto no es casualidad el hecho de que muchos de estos hijos que crecen en un ambiente de maltrato y de malos ejemplos carezcan de las bases éticas y morales que son esenciales para conducirse por la vida de una manera apropiada. Y lo que es peor aun es el hecho que muchos de estos hijos del abandono y del maltrato terminen buscando en la calle y en las malas juntas aquello que nunca recibieron en el hogar: amor y aceptación incondicional.
¿Será que muchos de aquellos que se dedican a quebrantar las normas que dan orden a nuestra sociedad serían diferentes si desde muy niños hubiesen tenido una familia que velara por su bienestar físico y mental y por inculcarles valores éticos y morales? En mi opinión, la respuesta a esta pregunta en la mayoría de casos sería un sí inequívoco. Por lo tanto, por este medio insto a todos los padres de familia a que hagan todo lo posible por brindarles a sus hijos ese amor y buen ejemplo que éstos tanto necesitan; los insto a que pasen más tiempo de calidad con sus hijos; los insto a que les digan y demuestren con obras todos los días de sus vidas lo mucho que los aman; los insto a que inculquen en ellos esos valores éticos y morales que en el futuro les servirán como marco de referencia para conducirse por la vida de una manera responsable.
Es tiempo de que la familia realmente contribuya al desarrollo de personas capaces de adaptarse y contribuir a la sociedad en que vivimos. Es tiempo de que cada uno de nosotros velemos porque nuestros hijos reciban ese amor y aceptación incondicional que la calle nunca podrá darles.