¿Qué hacer con el elefante artrí­tico?


Ayer el Presidente dijo que este mes ha sido duro porque el sistema es como un elefante artrí­tico que se sentó y que ahora tienen que levantarlo, en referencia a las instituciones y cómo las evalúa después del primer mes de su gobierno. Y el sí­mil es acertado porque nuestro Estado se halla en condición de postración y a punto de ser fallido porque sus instituciones no logran funcionar con eficiencia. Durante la campaña dije varias veces que era preocupante que los candidatos no se dieran cuenta que el problema principal que tendrí­an que enfrentar era esa inutilidad de los aparatos del Estado para funcionar adecuadamente y que era obvia la necesidad de una reforma profunda que permitiera resolver la situación.

Oscar Clemente Marroquí­n
ocmarroq@lahora.com.gt

En otras palabras, yo creo que no basta con levantar al elefante artrí­tico, porque aun si lo logra levantar el Presidente, cosa que puede debatirse desde distintos puntos de vista, la misma artritis lo dejará parado pero inmóvil e inútil. Lo que tiene que hacer es atacar la artritis que no es otra cosa sino ese deterioro institucional que ha llegado a ser parte de la estructura misma de todas nuestras instituciones.

Para levantar a un elefante artrí­tico, de esos viejos paquidermos que hay en los circos y que son tratados tan cruelmente, basta con una buena grúa. Pero levantarlo no resuelve el problema sino simplemente hace que haya un nuevo acomodo para irla pasando. Si el Presidente ya reconoció que el Estado es un elefante artrí­tico, lo menos que podemos esperar de él es que le pregunte a su Vicepresidente si el problema de un paciente artrí­tico se resuelve cambiándole posición o si hay que aplicar las medicinas especí­ficas para tratar la dolencia. Y si tal es el caso, urge determinar el grado de artritis y el tipo de medicamentos que se pueden aplicar a este paciente para lograr su recuperación cuanto antes.

Lo que pasó con el Estado de Guatemala es que fue sometido a un plan de adelgazamiento de tal magnitud que lo dejó inútil porque así­ convení­a a poderosos intereses. A saber siquiera si se puede hablar de un elefante, porque es tan poco lo que contribuimos fiscalmente que a lo mejor estamos frente a un pobre chucho callejero artrí­tico y requerimos de un Estado que sin ser grande sea lo suficientemente fuerte como para cumplir sus fines esenciales. Requerimos con urgencia un Estado capaz de garantizar la seguridad ciudadana, de un Estado lo suficientemente fuerte para aplicar la ley sin distingos de ninguna naturaleza a todos los que delinquen y para crear un verdadero régimen de legalidad en el paí­s. Necesitamos un Estado fuerte que pueda ejercer sus funciones reguladoras para evitar que ocurran abusos como los que se dieron con los banqueros que se esfumaron luego de endosar al Estado la obligación de pagar el dinero que clientes particulares habí­an depositado en sus bancos.

Y cabalmente si el gobierno actual es socialdemócrata, no puede operar con un Estado artrí­tico, no importa si el mismo está sentado, acostado o parado. Lo que tiene que hacer y con urgencia es atacar esa artritis que ha sido deliberadamente causada para inutilizar a las instituciones, para que las mismas sirvan, si mucho, como nidos de corrupción en donde los fines especí­ficos son ignorados porque se transforman en el arca abierta donde todo mundo peca.

La metáfora utilizada ayer por el presidente Colom apunta al esfuerzo que hará en los próximos dí­as para poner de pie al elefante que está echado, pero si su diagnóstico es correcto, y yo sostengo que lo es y lo vengo diciendo desde hace mucho tiempo, no es suficiente con el esfuerzo para acomodarlo en forma distinta.

Siempre creí­ que parte de un diálogo nacional productivo tendrí­a que ser la búsqueda de grandes acuerdos entre todos los sectores para abordar temas como éste, es decir, de la reforma profunda del Estado para hacerlo funcional y eficiente en el cumplimiento de sus fines constitucionales. Porque todos los presidentes cuando llegan se dan cuenta que son domadores de un elefante artrí­tico y tratan de hacer lo que ahora quiere hacer Colom, es decir, ponerlo de pie pero sin entender que la raí­z del mal no está en la posición del animal, sino en las dolencias profundas que padece y que requieren tratamiento urgente.

Si vemos nuestras deficiencias simplemente en materia de seguridad y justicia, temas en los que hasta los más furibundos neoliberales reconocen que el Estado tiene un papel que jugar, debemos entender que el paciente está para ser llevado a la sala de cuidados intensivos y que urge una junta de médicos, algo así­ como un efectivo diálogo nacional, para iniciar el tratamiento más efectivo. No digamos si nos extendemos a otras funciones como educación, salud, combate a la pobreza, promoción del desarrollo humano que requieren de mayor agilidad.

Lamento decirle al ingeniero Colom que todos sus antecesores se toparon con ese elefante artrí­tico y simplemente trataron de acomodarlo y los resultados están a la vista porque en el acomodo todos perdemos. Si quiere trascender y piensa que Guatemala tiene en realidad una esperanza, como rezaba el eslogan de su campaña, hay que ir al fondo, atacando la enfermedad y no la posición del animal que yo sigo pensando dista mucho de llegar a ser un elefante porque lo han reducido en tal forma que con suerte pasa de ser chucho medio castrado. Entendiendo la dimensión del problema podremos actuar de manera coherente para buscar las soluciones, pero si creemos que todo el problema está simplemente en dar aspirinas a un enfermo grave, lo único que haremos es ir prolongando la agoní­a hasta llegar a esa triste condición de Estado totalmente fallido.