En el artículo de la pasada semana conversábamos acerca de la necesidad de mantener una coherencia entre lo que pensamos, sentimos y hacemos para obtener una adecuada salud mental.
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En nuestro país, considero que hemos aprendido la incongruencia e incoherencia dentro de nuestros distintos estilos de vida. Ello podría ser otro tema de discusión, pero ha de considerarse que, la historia nos ha podido marcar con señales profundas.
Tratamos de la mejor manera posible de ser silenciosos, evitar problemas, a costa de la defensa de nuestra propia dignidad y nuestros propios derechos como personas.
«Nadie nace predeterminado a ser sumiso, esto es aprendido de forma paulatina, sin darnos cuenta.»
Las personas que no cuentan con la asertividad como una herramienta de vida, se acostumbran tanto a las injusticias de los demás que ya no sienten malestar e inclusive pueden llegar a percibir atropellos como normales.
El YO no quiere doblegarse, necesita y persigue su dignificación en el transcurso de la vida. A veces consideramos que la opinión o las necesidades de los demás son más importantes. Que preferimos «conciliar» con quien nos agrede, que salvar nuestro amor propio, es por ello que nos golpeamos a nosotras/os mismos en nuestra autoestima.
La persona asertiva no es sumisa pero tampoco es agresiva. Se dice de una persona asertiva cuando esta es capaz de ejercer y/o defender sus derechos personales, como por ejemplo, decir «NO», expresar lo que le disgusta, la que puede dar una opinión contraria y/o expresar sentimientos sin dejarse manipular, como lo haría la sumisa. Y sin manipular ni violar los derechos de los demás, como hace la agresiva.
Es decir, que la conducta asertiva pretende el respeto hacia los demás, pero, también el respeto de sí misma/o.
Los individuos sumisos suelen mostrar miedo y ansiedad, rabia contenida, culpa, sentimientos de minusvalía y tristeza. Se manifiestan apocados, con lenguaje circunstancial; no expresan de manera directa el contenido de lo que desean, para comentar algo, le dan vueltas con muchas palabras al asunto. Inclusive pueden conducirse de una manera diametralmente opuesta a sus convicciones e intereses de tal manera de no contrariar a nadie. Lo que conduce a que la gente se aproveche y no les respete.
La conducta asertiva está diseñada para defenderse inteligentemente. Cuando la ponemos al servicio de fines nobles, esta no solo se convierte en un instrumento de salvaguardia personal, sino que nos dignifica.
El objetivo de la asertividad no es lastimar a otras personas, sino defenderse y autoafirmarse, sentar precedentes de inconformidad e intentar modificar un comportamiento que viola nuestra vida.
Entonces la asertividad fortalece el amor propio y la dignidad, nos hace más seguros fortaleciendo nuestras defensas psicológicas. Facilita nuestra libertad en la vida, así como el aprendizaje de quienes somos como personas. Nos ayuda a resolver problemas y mejorar la comunicación.
La palabra «No» en Guatemala, con mucha frecuencia se observa como agresiva. Hemos de analizar nuestra propia conducta y evaluar cuantas veces hemos dicho sí, cuando en realidad hemos deseado decir un no. En la vida tenemos derecho a disentir de la manera de ver el mundo a los ojos de otras personas. Esto no quiere decir que podamos hacer siempre nuestra voluntad a costa de los derechos o intereses de las otras personas.
Si nosotras/os no comenzamos a respetarnos a nosotras/os mismos no podemos solicitar la valoración de los demás.
Si sentimos que estamos siendo personas que nos doblegamos fácilmente ante la vida o agachamos la cabeza, o si sentimos, que somos personas que buscamos que los demás se sometan a nuestro poder, estamos teniendo serios problemas de autoestima y no nos estamos comportando de manera asertiva.
Es recomendable buscar ayuda profesional a través de la psicoterapia, proporcionada por la psicología y la psiquiatría.
Cambios personales pueden contribuir a cambios familiares y a cambios sociales. No esperemos revoluciones para que las cosas den vuelta. Si cada uno de nosotras/os contribuimos con un pequeño grano de arena, nos estaremos sintiendo más productivos y menos impotentes ante la adversidad.