«Al parecer el golpe bajo aun no ha llegado».
Desde hace varias semanas las bolsas de valores de los países del primer mundo se han desplomado increíblemente, llevando al índice Dow Jones, el más importante de todos, a perder 17.4%% tan sólo en cuatro días, rozando los 8 mil puntos ayer. Estos países han tenido que salir al rescate de varias instituciones, precisamente con los recursos que provienen de los impuestos de la población que los paga.
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Para varios analistas, estas acciones son innecesarias, pues, es menester dejar que el mercado opere, y que pierda quien realizó inversiones especulativas, a sabiendas de lo que posteriormente sucedería, que es lo que vivimos en la actualidad.
Para otros, que no comparten esta nacionalización parcial de los activos de las instituciones en mención, últimamente llamados activos tóxicos, afirman que la intervención masiva que ha hecho el Estado en estas naciones, es más que necesaria, puesto que, de no hacerlo, podría llevar a la economía mundial a un colapso instantáneo.
También están los que dicen que aun con las compras e inyección de fondos, las cosas no mejorarán en el corto plazo; y que hasta que el gobierno estadounidense no se haga cargo de hipotecas subprime, la cosa no mejorará.
Por último tenemos, por supuesto, a los que creen que la sucesión de los últimos doce meses, es la clara señal de que el capitalismo esta dando ya, patadas de ahogado, que es solo cuestión de tiempo.
Del otro lado están quienes especulan, quienes hacen subir o bajar, de un segundo a otro, las bolsas y materias primas, provocando grandes preocupaciones, no sólo en las autoridades del mundo, sino también en la población que pierde a cada momento que aumenta esta crisis.
Al parecer el golpe bajo aun no ha llegado.
Lo seguro es que durante y después de todas estas subidas y estrepitosas caídas, la actividad económica real se ha contraído en las grandes potencias, en consecuencia, los empleos se están perdiendo a granel; 159 mil en Estados Unidos el mes pasado; y aún no confirmado, 200 mil para Guatemala, en lo que va del año.
Y qué decir de los emigrantes que durante décadas le han dado de comer al subcontinente americano; México ya calcula que se le vienen encima 600 mil.
En nuestro país no es la excepción. Lo preocupante es que tenemos personas que desde que sus parientes emigraron a la potencia del norte, se han dedicado a cruzar los brazos y consumir como barril sin fondo las divisas que les enviaban. No hubo estrategia atractiva de inversión, de parte del sistema bancario nacional, para los miles de millones de dólares que llegaban sin falta. ¡Que Dios nos agarre confesados!