Punzones en el alma


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Para Carlos Fuentes

Se fue. Igual que otros. Lo supe y una extraña sensación se posesionó de mí. El llanto no brotó como otras veces, pero mi ánimo se nubló al igual que afuera. Inés quería jugar y yo sosteniendo un muñeco en la mano recordaba aquel día en el que nuestras miradas se cruzaron.

Claudia Navas Dangel
cnavasdangel@yahoo.es


Un instante nada más en el que un verso de otro vino a mi mente para definirlo: “Como una cabra arisca bajó de su montaña, de la montaña que era salvajemente huraña…” Sí. Para mí él estaba arriba, inalcanzable, poderoso domador de las palabras. Él era la montaña, pero también era arisco, distante, lejano. Esa sensación la entendí después.

Él me extendió su mano y yo impresionada por tenerlo enfrente enmudecí. Me extravié en la historia de Felipe y Aura, en La Región más transparente en Artemio Cruz.

Quería decir muchas cosas, mi mano temblaba y sólo sonreí. Se fue esa vez también y en esa ocasión también me sentí acongojada. Inés me reclama y yo lo evocó a él.

Es absurdo, pero desde que estoy lejos siento que se están marchando los que cincelaron mi alma. Y sí, el alma y no la mente es donde queda por muy abstracta o incierta que esa sea, todo lo que los libros me dejan.

Se fue. Igual que otros. Como Luz, maestra de la poesía, a quien desde entonces sueño frecuentemente.

Se van y permanecen y yo espero el diluvio en mis ojos para amansar esta pena.

Incoherente, ilógico, mentira dirán algunos, qué más da. Me siento triste.

Los muñecos bailan frente a mí. Inés sonríe y yo pienso se fue, igual que otros. Me punza el pecho.

Empiezo a escribir y al fin una gota se ahoga en el papel. Me sentiré mejor. Lo leeré de nuevo, le hablaré lo que no pude aquel día en mis sueños y sonreiré por él.