En Guatemala y otros países flagelados por la pobreza es muy común observar a miles de indigentes en las calles, pidiendo comida, dinero o incluso amenazando por una moneda.
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Estas prácticas forman parte de su vida cotidiana, a la que algunos están acostumbrados, sin embargo, existe un porcentaje que mantiene la expectativa a una oportunidad, ante este dilema surge la interrogante ¿es posible que esta población logre la reinserción a la vida productiva?
De acuerdo con Carolina Castellanos, directora ejecutiva de la Cámara de Comercio Guatemalteco Americana (AMCHAM, por sus siglas en inglés), lograr que se involucren los indigentes a la productividad, se ve muy difícil, aunque no descarta que un 50 por ciento de esta población pueda hacerlo, indica que llevaría un proceso muy largo, primero social y luego de capacitación.
Castellanos dijo que las personas jóvenes podrían integrarse más fácil a la productividad que aquellas que han vivido más tiempo a la intemperie, ya que algunos tienen el deseo de cambiar pero no todos, especialmente porque se han acostumbrado a ese tipo de vida, cuando son llevados a albergues, hay quienes se escapan y vuelven a su mismo entorno, señala.
Antes de integrarlos es necesario trabajar con ellos en el aspecto social, posteriormente se tendría que capacitarlos técnica o profesionalmente. Por su estilo de vida seguramente hay muchos que no sepan leer y escribir, dijo Castellanos.
Aunque la institución que Castellanos dirige no cuenta con programas para involucrar este sector de la población a la productividad, ello indica que podrían implementar capacitaciones profesionales o técnicas si alguna organización no gubernamental se comprometiera a realizar el trabajo social.
En anteriores ocasiones se han impartido cursos para mensajeros, asimismo, trabajan con ex pandilleros, destaca.
A criterio de Carlos Ortiz, de la Liga de Higiene Mental, la sociedad estigmatiza a estas personas, pero si tuvieran la oportunidad de mejorar las condiciones de vida, habría un buen porcentaje que se adaptaría a su nueva vida, porque la naturaleza del ser humano es ser creativo, tan sólo falta el apoyo para que estas personas demuestren que sí pueden modificar su conducta.
«Aunque parezca difícil que personas que huelen pegamento no se puedan integrar al trabajo, esto es negativo, ya que con la desintoxicación y el soporte de la población se pueden cambiar las cosas», dijo.
Por su parte, ílvaro Iniesta del Movimiento Cuarto Mundo, señala que es la sociedad quien debe trabajar para que los pobres se integren a la vida productiva, no se les debe juzgar, sino conocer como enfrentan ellos el combate a la miseria.
A decir de Iniesta, las sociedades son quienes deben combatir la problemática y no caer en el fatalismo, que hace mucho daño.
De acuerdo con Sandy López, ex indigente desde hace ocho años, los indigentes pueden salir adelante y convertirse en seres útiles para la sociedad, sólo hace falta apoyo y menos rechazo e indiferencia, manifestó.