Puede producirse un estallido social si se gravan las pensiones de los jubilados del Estado y de otros entes


marco-tulio

Entre la espada y la pared pueden estar sintiéndose los miles y miles de jubilados que tienen asignadas pensiones que, en su mayoría, son raquíticas, al grado que en la situación terriblemente inflacionaria imperante, casi, casi, no alcanzan para costear los gastos de subsistencia.

Marco Tulio Trejo Paiz


Los adultos mayores, o sean las personas de la tercera edad, que han visto una seria amenaza a sus modestos intereses personales y familiares en la ya famosa Ley de Actualización Tributaria, están poniendo el grito en el cielo clamando por la abolición del injusto y repudiable precepto de dicha ley, que tiende a rebajar el monto de las pensiones de los jubilados en general al ser afectadas por el impuesto sobre la renta.

Periodistas y otros ciudadanos que vierten sus opiniones en las columnas de influyentes medios de comunicación de esta capital, están poniendo de relieve y a la luz meridiana la injusticia que entraña la enormidad legal indignante que comenzará a surtir sus indeseables efectos el año entrante, si es que no surgen imponderables…

Progresivamente irá arreciándose el descontento de la gran masa popular respecto de la amenaza impositiva contra las pensiones de centenares de miles de jubilados del Estado y de entidades gremiales que se sienten bajo la espada de Damocles.

Problemas como el que se está planteando son como para que la oposición a todo un orden de cosas cobre fuerza provocando consecuencias imaginables e indeseables.

Se cree que tanto el Organismo Ejecutivo como el Legislativo no contaron con buenos asesores jurídicos para evitar que la malhadada Ley de Actualización Tributaria fuese estructurada acorde con la Constitución Política de la República y, desde luego, honrando a  la justicia y a los tan estirados y encogidos derechos humanos. Fallaron esos archirremunerados asesores comprometiendo a los funcionarios que les dieron las mamandurrias.

En otros países, como es sabido, se han presentado casos semejantes al que está motivando una serie de comentarios de prensa, pero los tribunales respectivos han enmendado las planas para que no se caiga en terreno deleznable y se respeten los intereses y derechos legítimos de los eméritos que cuentan con merecidas aunque magras pensiones para hacer frente a las necesidades de la vida en avanzada edad.

En vez de estar tratando de lesionar pecuniariamente a la gente que en los mejores años de existencia trabajaron al servicio del Papá Estado que viene volando bajo, deberían ver la manera de incrementar esa prestación a los jubilados. Aquí cabe aquello de… ¡hoy por mí, mañana por ti!

Los señores que están hoy por hoy paladeando las mieles del poder público no deben lanzar al vacío las promesas de cambio positivo, benéfico, que hicieron a todo pulmón en los mítines y a través de los medios de comunicación social durante la campaña electoral que los encumbró.

Es conveniente y oportuno hacer aprovechamiento de lo que ocurre en países europeos y, especialmente, en los Estados Unidos de América, en cuanto a la justicia social y, específicamente, en beneficio del elemento asalariado.

En la superpotencia del norte, por ejemplo, a los jubilados los tratan con mucha consideración. Les dan gratisdato (sin costo alguno) transporte en los autobuses, descuentos en las compras de mercaderías, sobre todo en productos alimenticios; servicios de salud, etcétera.

Aquí, por el contrario, no se les brinda lo que es indispensable para que su existencia transcurra dignamente.
El Instituto Guatemalteco de Seguridad Social (para citar algo que viene en momento oportuno) cercena las pensiones cuando fallecen los esposos o esposas de los pensionados o pensionadas; entonces la jubilación, lejos de causar alegría, júbilo, ocasiona preocupación, angustia, frustración.

Se está a tiempo, a medio año, lo suficiente para meditar con el propósito de rectificar el craso error de deteriorar la de por sí menguada economía de los compatriotas retirados de la vida activa, aunque haciendo frente, con la cruz a cuestas, a los deberes y obligaciones de la familia hogareña.    

Ya estaremos en condiciones de comprobar si al influjo de la supuesta sensibilidad social, muy de humanos, se corta por lo sano para evitar un estallido social justificable de parte de asociaciones de jubilados pensionados, de grupos políticos que andan a caza de oportunidades de llevar agua a sus molinos, de sindicatos y demás agrupaciones populares que no regatean solidaridad y apoyo a quienes son víctimas de arbitrariedades e injusticias.