El sábado anterior, tras el terremoto que en horas de la madrugada sacudió territorio chileno, se generó internacionalmente una alerta de tsunami y en poco tiempo ese fenómeno afectó distintos lugares de la costa chilena y en los países bajo condición de alerta se empezó a advertir a la población. En el mapa publicado por la entidad que vigila los tsunamis en el mundo entero aparecía la costa centroamericana y la de Guatemala de manera muy particular.
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En México y Estados Unidos, con playas en el Pacífico mucho más alejadas del epicentro del terremoto que las de Guatemala, las autoridades tomaron las previsiones del caso y alertaron a la población porque ya había mediciones de que sí existía un tsunami generado por el sismo en Chile y como no se podía establecer plenamente la intensidad del fenómeno, se prefirió dar el aviso a la gente que vive en las playas. En Guatemala las autoridades recibieron oportunamente la alerta del tsunami pero confiaron en su buen ojo y su criterio, por lo que prefirieron no avisar a la población que ni se enteró de la existencia del fenómeno. Uno que otro guatemalteco que vacacionaba en las playas del Pacífico se enteró por la alerta internacional y es que ahora con las facilidades de las comunicaciones es relativamente fácil para los usuarios de Internet y para quienes tienen esos servicios en sus teléfonos móviles, estar al tanto de lo que pasa en el mundo. Pero es en realidad preocupante que autoridades de emergencia en Guatemala hayan tomado una actitud que tiene que considerarse como de alto riesgo, porque si bien el tsunami no llegó a afectar los territorios para los que se lanzó la alerta, pudo haber sido en realidad trágico. La televisión norteamericana centró su programación el sábado por la tarde en la evacuación de las playas de Hawai en espera de que subiera la marea. Dos horas después desactivaron la alerta y la gente pudo regresar a sus casas o a sus hoteles, pero mientras el fenómeno avanzaba por el océano Pacífico se mantuvo una constante vigilancia y severo control de la población. Evidentemente nuestros técnicos se consideran más aptos y competentes que los de los países más desarrollados y ahora, luego de que efectivamente el tsunami no llegó a afectar los territorios que fueron oportunamente alertados, seguramente que sentirán que tuvieron razón al no «alarmar» a la población guatemalteca con la advertencia generada por el Centro Internacional de Advertencias de Tsunami. Hay que admitir que esta vez les resultó no propagar la advertencia ni alarmar a la población, pero preocupa mucho que debido a esta experiencia piensen otra vez en el futuro que no hay que decirle nada a la gente para no generar alarma y que nos venga de repente un desastre por falta de previsión. El mundo ha gastado millones de dólares en el establecimiento de una red en los océanos para detectar los tsunamis y advertir a los países que puedan estar en riesgo. Se trata de un enorme esfuerzo científico que se puso a prueba cabalmente ahora con el terremoto de Chile porque el anterior tsunami no fue detectado a tiempo ni se alertó a los países que lo terminaron sufriendo. Pero si cada uno de los países ignora la advertencia y decide no decir nada para no asustar a la gente, de nada sirve ese costoso esfuerzo de la comunidad internacional.