Prueba crucial para la polí­tica de reformas


Imagen de un conmutador del tren en una estación de Parí­s. La huelga de transporte en Francia podrí­a proseguir, de no alcanzar un acuerdo.

La prueba de fuerza del presidente francés Nicolas Sarkozy con los sindicatos del transporte, gas y electricidad, que el miércoles declararon una huelga contra el proyecto de reforma de los regí­menes especiales de jubilación, será determinante tanto para el futuro de la polí­tica del gobierno como de la acción sindical.


En su programa electoral y en nombre de una mayor «igualdad entre los franceses», Nicolas Sarkozy habí­a fijado como una prioridad la reforma de los regí­menes especiales de jubilación para alinearlos con los sistemas generales, en particular en lo referido a la duración del tiempo de cotización.

Estos regí­menes, creados en general antes de la Segunda guerra mundial para compensar las condiciones de trabajo difí­ciles o peligrosas, conciernen entre otras, a las industrias eléctricas y de gas, los ferrocarriles y los transportes públicos.

En 1995, una tentativa de reforma, iniciada por el también conservador Alain Juppé, entonces primer ministro del presidente Jacques Chirac, fracasó rotundamente al cabo de tres semanas de paros en todo el paí­s, con manifestaciones que reunieron a millones de personas.

En 2003, el entonces ministro del Trabajo y ahora Primer Ministro, Franí§ois Fillon repetirá el intento, suscitando manifestaciones tan importantes como las de 1995, pero sin una huelga masiva ni de larga duración del transporte.

Al final, conseguirá una reforma de las jubilaciones de los funcionarios, pero sin afectar los regí­menes especiales.

A diferencia de sus predecesores que fracasaron, Sarkozy tiene la ventaja de una opinión pública que es en su mayorí­a favorable a las reformas, según recientes sondeos y que, más aún, no aparece dispuesta a defender lo que consideran privilegios de una minorí­a.

Incluso la oposición polí­tica del Partido Socialista se ha declarado favorable a esta reforma y su divergencia y la crí­tica hacia el gobierno se refieren al método de aplicación, considerado «autoritario».

Con todos estos antecedentes, para Sarkozy es fundamental tener éxito allí­ donde sus antecesores fracasaron, si quiere conformar la «ruptura» que definió como inspiración de su gobierno y de su polí­tica de transformación de las relaciones sociales.

Por el contrario, la eventualidad de una derrota, significarí­a un grave cuestionamiento polí­tico, circunstancia en la cual le serí­a muy difí­cil, incluso imposible, impulsar todas las reformas en diversos aspectos, enumeradas en su programa, condenando a su gobierno a la parálisis.

Para los sindicatos, en particular para la Confederación general del Trabajo (CGT) primera organización en Francia, enfrentados a Nicolas Sarkozy en esta prueba crucial, las opciones no son menos trascendentes y definitivas.

Está claro que en caso de ganar o de neutralizar la reforma del gobierno, quedarán en posición de fuerza para imponer condiciones y negociar futuras medidas o reivindicaciones.

Pero en caso de una derrota, si bien no corren el riesgo de desaparecer, podrí­an ver una aceleración de la paulatina deserción de sus adherentes, para convertirse a término en entes vací­os sin real representatividad.

En la práctica, esta representatividad ya habí­a sido puesta en cuestión por la aparición a fines de los años 1980 y comienzo de los 1990 de las llamadas «coordinaciones», organizaciones militantes al margen de los sindicatos.

En la situación actual, el margen de maniobra de los responsables sindicales aparece dramáticamente estrecho, entre las obligaciones que imponen una estrategia general y a largo frente al gobierno, y la presión creciente de las bases, que exigen resultados y respuestas concretas en el presente.

Tránsito parcial

La circulación de trenes nacionales y de los servicios urbanos en Parí­s – metro, bus y tranví­as – era muy parcial hoy, pero no se registraban atascos en las rutas, en el cuarto dí­a de una huelga del transporte contra la reforma de los regí­menes especiales de jubilación.

En ferrocarriles, donde la huelga fue prolongada por seis de las ocho organizaciones sindicales, el tráfico estaba muy perturbado en las lí­neas nacionales, pero era normal en el Eurostar a Londres y casi normal en el Thalys a Amsterdam, según la dirección de la empresa SNCF.

En la región parisina, el servicio suburbano era muy reducido y sólo funcionaba un 40% de los trenes regionales.

El transporte en esta región funcionaba pero con pocos trenes y mucha demora: sólo funcionaba un 20% del servicio en 12 de las 14 lí­neas urbanas. El promedio de buses y tranví­as en servicio era de 40% y en las lí­neas de metro suburbano, dos funcionaban parcialmente y la tercera estaba totalmente paralizada.

Por el contrario y a diferencia de los dí­as anteriores, no se señalaban atascos en las carreteras y autopistas de acceso a la capital francesa.

La huelga también afectará a la Opera de Parí­s, donde accesoristas y personal de escenario protestan igualmente contra la reforma de los regí­menes especiales de jubilación. La representación de la ópera «Tosca» se hará el sábado en la noche sólo en versión concierto y sin decorados.

En la Opera Bastille, la representación del ballet «Cascanueces» prevista para el domingo, fue anulada por las mismas razones.